El amor libre: Eros y anarquía.

Edición a cargo de Osvaldo Baigorria.
Durante mucho tiempo, amor libre fue sinónimo de unión libre: una relación no sujeta a leyes civiles ni religiosas. En épocas en las que el matrimonio era indisoluble y el divorcio un horizonte polémico, la libertad de dos personas de unirse prescindiendo de la ley y de separarse «cuando el amor llegue a su fin» era motivo de escándalo pero no contenía necesariamente la posterior idea de liberación sexual. Además, por lo general, era una definición de vínculo entre un hombre y una mujer, no entre dos o más personas del mismo sexo.

Una vez desacralizados el matrimonio, la familia y la pareja hombre-mujer unidos «de por vida», la experiencia susurra al oído que la fidelidad es imposible, que la monogamia es una ilusión y que las leyes del deseo triunfan siempre sobre las leyes de la costumbre. La inocencia grita que el amor sólo puede ser libre, que la pluralidad de afectos es un hecho y que el deseo obedece a un orden natural, anterior y superior a todo mandato social establecido. Hemos titulado El amor libre a esta heterogénea -y mayormente heterosexual- selección de textos como homenaje a un título ya clásico de libros y artículos anarquistas y a un ideal que también pertenece a la tradición romántica y modernista.

Txalaparta, colección Gebara. Tafalla 2010
138 págs. Rústica 21x14 cm
ISBN 978-84-8136-583-2
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Mujeres en pie de paz.

Las mujeres no son mejores ni más pacíficas que los hombres pero han tenido y tienen un importante protagonismo en la causa de la paz. Desde el lugar de la extrañeza del que hablara Virginia Woolf, en este caso extrañas a la racionalidad bélica, pensadoras y activistas trataron de convencer al mundo de la locura de la guerra. Su bagaje no está solo en los grupos organizados. Impregna el quehacer cotidiano de tantas mujeres cuyo trabajo es crucial para el sostenimiento de la vida. Frente a la lógica de la acumulación económica que rige en el mundo globalizado actual, la lógica de la sostenibilidad de la vida que subyace en su trabajo y el de otros grupos humanos del mundo, se levanta como una alternativa necesaria para la supervivencia de la especie.

La autora recoge en este libro diversas prácticas y propuestas desde la iniciativa en medio de la Primera Guerra Mundial de reunirse en La Haya para proponer una salida negociada al conflicto hasta iniciativas como el Campamento de Mujeres de Greenham Common en los años ochenta, en plena Guerra Fría, fuente de inspiración para el conjunto del movimiento pacifista antinuclear, pasando por las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, las viudas de Guatemala o las Madres de El Salvador, que se organizaron para la denuncia de los desaparecidos y contra la impunidad de los responsables; las Mujeres de Negro, desde Israel y Belgrado, que levantaron su voz contra las políticas agresivas de sus gobiernos, y la Ruta Pacífica de las Mujeres Colombianas que sigue tratando de desactivar en el día a día los artefactos que mantienen la guerra en su país.

Aborda asimismo avatares y ejemplos de la participación de las mujeres en las mesas de negociación de la paz, impulsada desde el año 2000 por la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad.

Índice

Prólogo, Estela B. de Carlotto, presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, Argentina. Introducción
I El Protagonismo de las Mujeres en la causa de la paz 1. Sobre la guerra y la paz: partir de la experiencia propia Retazos de una guerra Ni con el Este, ni con el Oeste: El pacifismo antinuclear de los años ochenta Las mujeres de la revista “En Pie de Paz”
2. Mujeres víctimas de la violencia Mujeres en las guerras Mujeres que sufrieron la violencia Violencia contra las mujeres en las guerras Refugiadas Violencia cotidiana Agresiones específicas contra el cuerpo de la mujer No sólo víctimas
3. De la Haya a Pekín: Iniciativas de mujeres por la paz en la historia cercana Las Sufragista, la noviolencia y la paz I Congreso internacional de mujeres por la paz: la Haya, 1915 Las socialistas y la guerra En la segunda Guerra Mundial El campamento de paz de Greenham Common La Conferencia de Pekín, 1995
4. Grupos de mujeres que construyen la Paz (I) Israel-Palestina: Mujeres de Negro contra la ocupación Mujeres de Negro de Belgrado Los comienzos de Mujeres de Negro en España Encuentro de Mérida Encuentro de Villaverde Bajo, Madrid Mujeres de Negro de Italia Mujeres de Negro de Tokio Expulsar la guerra de la historia Anexo
5. Grupos de Mujeres que construyen la Paz (II) Conflictos enquistados Israel-Palestina: Bat Shalom Bat Shalom Norte Identidades y motivaciones Estrategias de acercamiento Chipre: Manos que cruzan la línea Iniciativas de acercamiento
6. Grupos de mujeres que construyen las Paz (Y III) La ruta pacífica de las mujeres colombianas Mujeres contra la impunidad: para que no se repita Guatemala El Salvador: Comité de Madres de desaparecidos Argentina: Las Madres de Plaza de Mayo Las Abuelas de Plaza de Mayo Mujeres que apoyan a otras mujeres: La sororidad internacional Constructoras de Paz
7. Mujeres en las negociaciones de Paz. La resolución 1325 En la mesa de negociación Sudáfrica Irlanda del Norte Mo Mowlan Guatemala. Luz Méndez Somalia Liberia Alianzas internacionales y transnacionales La Resolución 1325 del Congreso de Seguridad La extensión y aplicación de la Resolución 1325 La 1325 en acción. Sri Lanka La 1325 en acción. Afganistán La necesaria implicación de loa hombres
II La lógica de la sostenibilidad de la vida 8. Pensadoras y activistas a favor de la paz Bertha Von Suttner y Petra Nelly Escritoras y Premios Nobel de la Paz El ¡Abajo las armas! De Bertha Von Suttner Petra Nelly: Pacifismo antinuclear y política de corazón Cuarenta y cuatro años de vida: Petra Nelly, 1947-1992 Política verde Economía y ecología La solidaridad entre las mujeres Contra la guerra y el armamento nuclear Activista de la noviolencia Política con corazón Los valores del espíritu Sobre su muerte
9. Por qué las mujeres Sobre la paz La ligazón mujeres-paz La naturalización de la dicotomía mujer pacífica, hombre violento Virginia Wolf o la invitación a una práctica de la diferencia Las mujeres como sujeto colectivo Nuevos modelos para el hombre Hombres por el cambio Ni mejores ni peores: defender la paz es una opción libre
10. El pensamiento maternal Madre contra la guerra Ser madre no equivale a ser pacífica Pensamiento y cultura de paz El punto de vista feminista, una epistemología situada El pensamiento maternal de Sara Ruddick La madre universalizada o la práctica del Maternaje Características del Maternaje Pensamiento maternal y cultura de paz Valorar no es mitificar El pensamiento maternal, un pensamiento encarnado Pensamiento maternal y paz imperfecta
11. La lógica de la sostenibilidad de la vida La vulnerabilidad hoy El lugar de lo “humano” en las relaciones internacionales Derecho a la vida y derecho a la paz La sostenibilidad de la vida Epílogo
Bibliografía

Fuente: Siglo XXI de España Editores, S.A.

Siglo XXI de España Editores, SA
ISBN: 84-323-1244-4
EAN: 9788432312441
320 páginas
13.5 x 21 cm
Rústica con solapas
PVP: 18,00 €
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Sara Berenguer, la lucha de una mujer.

Sara Berenguer (Barcelona, 1919- Montady, Francia, 2010), infatigable luchadora antifascista en España y en Francia, acaba de terminar su trayectoria vital, convertida ya en materia de estudio. Formaba parte de esa generación de adultos precoces, que a partir de julio de 1936, adquirieron una madurez y un sentido de la responsabilidad, que no correspondía a su edad cro-nológica. Adolescentes que de la noche a la mañana colaboraron con los comités y grupos de acción surgidos de la clase trabajadora, en los barrios obreros de Barcelona.

Había nacido en una familia obrera de Poble Sec y era la mayor de cinco hermanos. Su formación escolar fue muy corta, a los 13 años trabajaba en una carnicería, desde las seis de mañana al cierre del mercado del Ninot. Más tarde, en un taller del Eixample aprendió el oficio de corsetera, y a los 16 años se establecía por su cuenta. En su condición de joven obrera, libró la batalla de la explotación y el machismo.

La sublevación militar del 18 de julio de 1936 convierte a Sara en activa militante, voluntariosa y obstinada en "ser útil a la revolución". Decide irse con su padre al frente aragonés con la columna confederal de Los Aguiluchos. El padre se niega y la acompaña al comité revolucionario del barrio de Las Corts, donde vivían. En noviembre, por los días de Durruti, caía el abanderado Francisco Berenguer en el frente de Almudévar. Los compañeros le entregaron a Sara el banderín y, ella entendió aquel gesto como el deber de seguir en la lucha.
Su denodada actividad la implica en las luchas de mayo de 1937. Más tarde asumirá un cargo en el comité de las Industrias de la Edificación de la CNT. Y a principios de 1938 se integra en la Sección del Combatiente de Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), se desplaza a los frentes de guerra y visita hospitales y guarderías infantiles. A finales de 1938 es secretaria del comité regional Mujeres Libres.
Con las tropas fascistas cerca de Barcelona, salió hacia Francia con otras compañeras y el hijo de una de ellas. Tras cuatro jornadas caminando las acogió en Perpiñán la Federación de Comités de Ayuda Antifascista, liberándolas, momentáneamente, del internamiento en campos de concentración y refugios.
Sara se reintegró en SIA, prestando ayuda a los refugiados. Después, destinada al Centro Español de Beziers, viviría en casa de un familiar, que había acogido a sus tres hermanos pequeños. Aquel hogar se convirtió en punto de encuentro postal para las familias españolas dispersadas al entrar en Francia.
Embarazada de su primer hijo, Germinal -luego tendría tres más- pidió a la directora de la Maternidad que la acogiera a cambio de participar en tareas domésticas y hacer de intérprete para las españolas refugiadas que salían de los campos de concentración a dar a luz.

Cuando se declara la II Guerra Mundial, Sara y su compañero, Jesús Guillén, se incorporan a la Resistencia. En 1941 se trasladan a Bram, cerca de Carcassone, donde ella presta arriesgados servicios en los grupos clandestinos que operaban en la Montaña Negra.

Su vida estuvo marcada por un indesmayable altruismo, hasta sus últimos días, convencida de que la plenitud estriba en ocuparse de los demás. Sin abandonar su labor solidaria, construyó una obra poética escrita en francés, catalán y español.
A mediados de los sesenta, ancladas ya sus vidas definitivamente en la Europa o la América de sus exilios, un grupo de compañeras decidió reivindicar la revista Mujeres Libres de su juventud. Sara Berenguer, desde Montady, y Suceso Portales, desde Londres, hicieron realidad el sueño al editar Mujeres Libres en el Exilio, modesta publicación escrita y sufragada por ellas en recuerdo de la que fuera portavoz de su liberación como seres libres.

A Sara Berenguer, Francia le rendía honores el 31 de octubre de 1998 al concederle la Orden de Caballero de la Legión de Honor, pero ella honraba a su vez a la alta distinción por su calidez humana y su capacidad de lucha contra el fascismo en España y en la Resistencia durante la II Guerra Mundial.

Antonina Rodrigo es escritora e historiadora del feminismo.
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La organización MUJERES LIBRES (abril de 1.936 - febrero de 1.939).

EL FEMINISMO LIBERTARIO DE LAS MUJERES LIBRES (1936-1939)
 por Pepe Gutiérrez-Álvarez

La miliciana Marina Jinesta en la plaza de Catalunya. Foto Juan Guzmán.



Durante mucho -demasiado- tiempo, uno de los capítulos menos conocidos de la crisis española de los años treinta fue sin duda el referido a los movimientos femeninos, en general muy poco estudiados por los especialistas hasta hace poco (1). Entre todos ellos, ninguno adquirió tanta importancia como el que con el nombre de Mujeres Libres ocupó un escenario capital en la revolución (un capítulo que es tratado en la evocación un tanto legendaria en la muy cinematográfica, pero sin duda valiosa Libertarias, adaptación de Vicente Aranda de la novela de Antonio Rabinaud, y que tanto ha hecho por su conocimiento por un público que de otra manera apenas si habría llegado a tener una vaga noticia sobre su existencia) como parte pero también aparte del extenso y singular movimiento libertario, del que apareció como algo periférico, de escasa importancia al lado del protagonismo de su "estrella", Federica Montseny, que fue asimilada como la excepción femenina en una regla masculina, por lo que se llegó a decir que valía más que muchos hombres.

Empero, al igual que se ha ido restableciendo el lugar de la mujer en la historia de nuestra libertad, también se han ido colocando cada protagonista en un espacio mucho más ajustado a su realidad, y por lo mismo hemos asistido a una oleada de reconocimiento de algunas intelectuales y obreras anarcosindicalistas muy poco conocidas como Mª Luisa Sánchez Saornil, Amparo Poch y Gastón, Mercedes Camaposada y las obreras Sara Guillén o Lola Iturbe (2). Aunque la cuestión de la emancipación de la mujer estuvo inscrita entre los grandes ideales del socialismo, y de que algunas personalidades femeninas - como Teresa Mañé (a) Soledad Gustavo, Teresa Claramunt o la socialista marxista Virginia González -, o masculinas - en particular Anselmo Lorenzo - se pronunciaran con pasión sobre la necesidad de liberar a la mujer, el movimiento obrero hispano no conoció hasta el nacimiento de las Mujeres Libres en abril de 1936, ninguna organización autónoma feminista que tuviera un cierto alcance de masas.

La historia de las Mujeres Libres comienza en víspera de la guerra civil y acaba con la derrota de 1939. Olvidada un poco por todos, el resurgimiento del movimiento feminista ha hecho que se haya vuelto a hablar de ella, para reconocer en su experiencia un esforzado intento por imponer una dimensión feminista al movimiento libertario. Su fracaso apunta directamente a la ceguera de un movimiento como el de los trabajadores que negó con sus prejuicios unos derechos que hubieran ampliado muy notablemente sus efectivos militantes y habría enriquecido el brillo emancipador de sus alternativas.

Hay que decir que la organización de las Mujeres Libres no surgió como la consecuencia de una toma de conciencia teórica, aunque el factor ideológico facilitó en cierta medida su gestación (3). Su punto de partida fue más bien empírico. A principios de 1936 tiene lugar unos cursos para mujeres organizados por la Federación Local madrileña de la CNT, y esta experiencia hace que las participantes, en particular la sindicalista y poetisa Mª Luisa Sánchez Saornil (4), saquen la conclusión de que exceptuando "a media docena de compañeros bien orientados", el resto se encuentra contaminado "por las aberraciones burguesas más características". Entre éstos, los había que pensaban que sus mujeres no debían de ningún modo abandonar las faenas domésticas para entrar en un terreno que era "cosas de hombres"; algunos llegaban al extremo de considerar la militancia femenina como una "indecencia". Incluso los monitores (que, en principio, debían de estar familiarizados con un cierto feminismo libertario como el que encarnaban Soledad Gustavo y Federica Montseny) (5), que consideraban por lo general que su papel, les daba la oportunidad para ejercer sus dotes de "donjuanismo". No faltaban los que bajo el amparo de los planteamientos sobre el "amor libre" y la "revolución sexual" se pensaban aquello de que "todo el monte es orégano".

Estas actitudes eran, en cierta medida, complementarias a las que hacían que las mujeres carecieran de presencia en los escalones rectores o intermedios de los sindicatos. La hija, y continuadora de los Montseny-Mañé, era la consabida excepción que confirma la regla, que para algunos se justificaba, precisamente, por la "virilidad" de la que fue llamada "la egeria anarquista". 

1. Los primeros pasos
Una vez constituido en abril de 1.936, el núcleo madrileño, su primera actividad fue la de gestionar una escuela propia, con lo que se hacía ostensible la voluntad pedagógica del grupo. El paso siguiente fue entrar en relación militante con el grupo que animaba la casa de la Cultura Femenina, en Barcelona, con las que ya a finales de septiembre de 1.936, se estructuraban los primeros pilares de una organización nacional que trabajaba para la guerra, pero también en las diversas ramas de la CNT donde tenían presencia. Su objetivo primordial era el sensibilizar a las trabajadoras por sus derechos, el hacerlas "conscientes" de éstos en todos los ámbitos, y para ello no dudaban en cuestionar la prepotencia de los hombres que la miraban con prejuicios y en tratar de "extirpar de su cerebro toda idea de superioridad".

Apenas dos años más tarde las Mujeres Libres era una organización llena de vitalidad, con un número de afiliados que oscilaba alrededor de las 30.000, y con una red de cerca de 150 grupos que funcionaban, sobre todo, en Cataluña, Madrid y la región centro y en Valencia. Su revista, del mismo nombre, normalmente mantuvo un sólido equilibrio entre el rigor, la seriedad de su mensaje y su propósito divulgativo, teniendo en cuenta que se dirigía a una masa de mujeres en su mayor parte analfabetas, con muy pocos casos de formación cultural y de preparación profesional. Desarrollaron contactos con otras mujeres del mismo ideario de los EEUU, Sudamérica y Europa para formar un Confederación Internacional de Mujeres Libres pero la idea no prosperó. Hay que destacar sus relaciones con Emma Goldman, posiblemente el personaje anarquista que más influencia ejerció sobre ellas y de la que tradujeron algunos de sus trabajo feministas más significativos (6).
Su capacidad y vitalidad quedaría demostrada cuando se celebró su primer Congreso el 20 de agosto de 1937, precisamente en un período en el que el movimiento anarquista entraba en franco reflujo y crecía la influencia del PCE como "motor" de la derecha restaurador del orden institucional en la zona republicana. En este Congreso se decide adoptar unas bases organizativas basadas en el tradicional federalismo libertario, tratando de garantizar Ia capacidad de autogestión de los grupos locales, provinciales y regionales, aunque todos ellos serían coordinados por un comité nacional que se apoyaba a su vez en diversos secretariados. Se proponen los siguientes objetivos:
a) Crear una fuerza femenina consciente y responsable que actúe como vanguardia del progreso.
b) Establecer a tal efecto escuelas, institutos, ciclos de conferencias, cursillos especiales, etc., tendentes a capacitar a la mujer y a emanciparle de la triple esclavitud a que ha estado y sigue estando sometida, esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud de productora. (7)
Para "el logro de estos propósitos", se dice a continuación, "se actuará una organización política identificada con las finalidades generales de la CNT y la FAI, ya que su aspiración de emancipación femenina tiene como objetivo supremo que la multitud pueda intervenir en la emancipación humana coadyuvando con los conocimientos adquiridos, enriquecidos con sus características propias, a la estructura del nuevo orden social. Pero, como se verá, este será un matrimonio imposible. . .
Su ideario se inserta por lo tanto en la esperanza de una revolución social protagonizada por el movimiento anarquista tal como se proyectaba desde el famoso Congreso de Zaragoza. Para conseguir sus objetivos, las Mujeres Libres tuvieron en su favor las transformaciones sociales que se desarrollaron al inicio de la guerra civil, el hecho de haber nacido antes de esta guerra y sobre la base de una tradición y unos propósitos emancipadores que iban más allá del mero antifascismo (como el de las Mujeres Antifascistas que detrás de esta negación - necesaria pero limitada para las anarquistas - escondían una línea de actuación básicamente asistencial: enfermería, servicio social, sustitución de la mano de obra masculina circunstancialmente, sin plantearse ninguna crítica al lugar que se le concedía a la mujer.

2. Los problemas de la guerra
Amén de ser la primera organización autónoma de mujeres en España, las Mujeres Libres fueron también la primera organización feminista anarquista y lo sigue siendo hasta el momento. Por ambos motivos se puede decir que realizó sus actividades en soledad y sin unas referencias prácticas que le hubieran precedido. A estas razones habría que añadir otra más: el desarrollo de una guerra civil y de unos conflictos internos en la zona republicana que les desbordaban. Esto se vislumbra claramente cuando se comprueba la fidelidad de la organización hacia las concreciones políticas puestas en práctica por la CNT-FAI, incluso en casos como el de los "acontecimientos" de mayo del 37 en Barcelona, cuando las posiciones de Mujeres Libres tendrían que coincidir más bien con las tendencias de izquierda del anarquismo.

En los diversos artículos aparecidos en la revista hay una valoración sobre la guerra civil que se puede sintetizar como sigue: la guerra había tenido cuanto menos la virtud de haber provocado una ruptura social a través de la cual se han creado mejores condiciones para el largo camino de la liberación de la mujer. Situada antes de julio de 1936 en el ámbito de las utopías revolucionarias, el feminismo cobró un poderoso aliento cuando las transformaciones sociales animaron a numerosas mujeres a poner en cuestión su lugar subordinado en la sociedad tradicional tanto en el trabajo como en la familia, sin olvidar la actividad sindical y política. Fueron muchas las mujeres que sobresalieron en las jornadas contra el " Alzamiento", y no pocas las que acudieron al frente.

El trabajo emprendido profundiza la línea general hacia abajo que preside su nacimiento. Con un tono voluntarioso y no exento de paternalismo ("Date cuenta, se puede leer en la revista, que todo requiere un esfuerzo, que las cosas no se obtienen solas y que para conseguirlas necesitas el apoyo de otras compañeras…"), se organizan clases para combatir el analfabetismo en los barrios y localidades, se publican numerosos folletos que explican reivindicaciones feministas desde un punto de vista ácrata, pero también abierto a otras aportaciones. Buena parte de las energías se consagran a poner en marcha institutos en los que funcionan bibliotecas, escuelas y talleres, en particular en Madrid y Barcelona. En esta ciudad funciona la "Casa de la Mujer Trabajadora" que emplea a un cierto número de mujeres intelectuales ganadas al ideario feminista. Los cursos que se dan no se limitan a lo que se considera como tradicionalmente femenino, sino que también se extienden a otras materias como la dactilografía, la estenografía, la puericultura o la confección, así como la mecánica, la electricidad, la sociología o la economía. Igualmente se dieron cursos sobre técnicas en agricultura, avicultura y sobre formación sindical.

En el ámbito sindical, la cuestión de la independencia económica y la cualificación salarial fueron consideradas como muy importantes. El trabajo era el medio para que la mujer escapara de un hogar que las condenaba a una "vida replegadas sobre sí mismas". El trabajo era un deber para las mujeres, una "condición indispensable, es el cumplimiento de una ley biológica que rige el ser humano, y la mujer, la mitad de la humanidad no puede ser dispensada de esta responsabilidad". Desde este punto de vista combatían todas las teorías --a menudo retomadas en los medios sindicalistas- tendentes a considerar que el trabajo de las mujeres era una fuente de paro para los hombres. Decían que el "problema no reside de ninguna manera en la concurrencia entre los brazos disponibles, sino en el abuso de los derechos por parte de algunos que tienen la impresión de correr cuando impiden a los demás andar". Así, cuando el gobierno negrinista -plenamente apoyado en el estalinismo- hace una llamada a las mujeres en 1938 para que se incorporen masivamente a la producción a fin de mantener la economía reemplazando a los hombres, desde la revista respondieron: "Que no se hable ahora de la Incorporación de la mujer al mundo del trabajo", ¡Cómo sí se tratara de una necesidad o de un favor que se le hace!. El trabajo es un derecho que ellas han conquistado en los días más sangrientos de la lucha.

Creían que, en efecto, en los momentos decisivos de las jornadas de julio de 1936, las mujeres salieron de sus hogares para cumplir los trabajos más arduos y los considerados como menos femeninos, desde el manejo del fusil hasta el de la ametralladora, pero constatan igualmente que sólo las más obstinabas han conservado sus puestos cuando al estabilizarse la situación, los hombres volvieron a ocupar sus puestos de responsabilidad. Frente a los que tenían claro que para después de la guerra las mujeres debían de volver a donde habían salido, para las Mujeres Libres se trataba de una conquista inalterable. En este sentido su posición es muy diferente a la de las mujeres del área del PCE que no dudaban en recomendar a que se restituyera el empleo de los hombres cuando estos volvían del frente. El trabajo era para las Mujeres Libres un medio de emancipación, y lo concebían como algo muy distinto al que imperaba bajo el capitalismo que convertía la vida de los obreros "en una fatiga Infinita, en una competición en el que gana el más esclavo".

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María García Holgado. Afiliada a la Federación de Mujeres Libres de Madrid. Ingresó en la Federación el 17 de Junio de 1937, con el nº 00081. La foto nos la aporta su sobrina-nieta Inés García Holgado desde Buenos Aires. ¡Gracias, Inés!
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Ficha de Enfermera Auxiliar de María García Holgado, con su filiación sindical a CNT, en el año 1937.

3. La autoemancipación de la mujer
La principal aportación teórica del anarquismo a la cuestión de la mujer es quizás la que pone el acento sobre su propia capacidad de emancipación. Nadie puso este acento con tanta fuerza como Emma Goldman, que escribió a principios de siglo:

"El desarrollo (de la mujer), su libertad, su independencia, debe de surgir de ella misma, y es ella quien deberá llevarlo a cabo. Primero, afirmándose como personalidad y no como mercancía sexual. Segundo, rechazando el derecho de cualquiera que pretenda ejercer sobre su cuerpo; negándose a engendrar hijos, a menos que sea ella quien lo desee; negándose a ser la sierva de Dios, del Estado, de la sociedad, de la familia, etc., haciendo que su vida sea más simple, pero también más profunda y más rica. Es decir, tratando de aprender el sentido y la sustancia de la vida en todos sus complejos aspectos, liberándose del temor de la opinión y a la condena pública. Sólo eso, y no el voto, hará a la mujer libre" (8).

Pero sí Emma Goldman nunca se planteó seriamente la mediación organizativa y por lo tanto práctica de esta premisa - tan vigente por otro lado -, las Mujeres Libres sí tuvieron que esforzarse por concretarla en medio del conflicto bélico y social en el que vivían.

Después de la educación y el trabajo, se plantearon que para ser activas fuera del hogar las tareas de éste tenían que ser socializadas. En este sentido acordaron la organización de guarderías por todas partes donde había grupos de mujeres organizados. Amparo Poch y Gascón se desplazó por toda la zona republicana para dar charlas sobre la importancia del período prenatal y sobre los cuidados a dar a los recién nacidos. Trataban de animar a los padres a criar a sus hijos en común, pero no tuvieron, al parecer, ningún éxito. Aunque la militancia anarquista estaba sugestionada por la parte abstracta de estas ideas, carecían de educación y de voluntad para aplicarla. Ni siquiera los niños y los viejos se sintieron llamados a ejercer unas tareas que con el tiempo se han hecho muy generalizadas.
Como hemos visto ya, tampoco las Mujeres Libres encontraron una comprensión en los medios en que se desenvolvían de las ideas sobre la "revolución sexual", ideas que habían asumido de las aportaciones de Emma Goldman, Hildegard Rodríguez y el doctor Martí Ibáñez, y de hecho no pudieron ir mucho más lejos que de la denuncia de las actitudes prepotentes de los hombres. Estas ideas tenían una prolongación en el ámbito de la familia tradicional, aunque sobre este extremo coexistían al menos dos posiciones más o menos delimitadas. La más radical es la que expresaba por ejemplo Mª Luisa Sánchez Saornil que denunciaba con vehemencia la dependencia femenina y su enclaustramiento matrimonial. Aunque no dejaba de criticar a las madres "absorbentes", Sánchez Saornil veía que el rol femenino estaba condenado a una especie de dualidad complementaria, la del prostíbulo y la del hogar, "la abyecta y la sublime", con lo que se escamoteaba "lo que tiene de estrictamente humano". La mujer como individuo racional, pensante y autónoma. La única unión que concebían como anarquistas era la que no tenía sanción ni de la Iglesia ni del Estado, y por ello se escandalizaban frente a la avalancha de "bodas civiles" celebradas en los medios confederales.
"Condenemos, escribieron al respecto, si no nos gusta la libertad de unión; pero no nos escondamos cobardemente bajo hipócritas ceremonias, mezclando a los sindicatos con nuestra cobardía moral".
Para la posición más moderada, más en línea de las reformas desarrolladas por Federica Montseny desde el gobierno y con las concepciones imperantes en los sindicatos, se tenían otras consideraciones aunque no siempre fueran explicitadas. Esta posición no descalificaba el matrimonio civil, y coincidía con Federica Montseny en la exaltación de la maternidad comprendida como "un estado natural, predestinado", con el que la mujer alcanza a veces, "sin saberlo", su "voluntad consciente", ya que es inherente a "todas las especies animales para conservar la vida sobre nuestro planeta. La madre cumple una función, lo mismo que la "pequeña mujer" más dedicada al amor del hombre. Es esta posición la que está detrás de la creación de escuelas en las que se imparte una enseñanza orientada hacia las tareas domésticas".

Parecidas contradicciones y ambigüedades se mantienen sobre la cuestión de la contracepción y del aborto que luego serán claves para el nuevo movimiento feminista. Aunque hay una tradicional aceptación de la contracepción en el ámbito teórico (como ha dicho recientemente Federica Montseny: "El anarquismo ha sido siempre partidario de la reducción de los nacimientos, no por egoísmo personal, sino por prever el problema de la demografía...para proteger las posibilidades vitales de la especie"), el hecho es que en la Casa de la Maternidad, de Barcelona, donde las Mujeres Libres eran las responsables, la preocupación dominante es la de impartir lecciones sobre cómo ser madre y no sobre cómo la mujer debe de controlar su cuerpo y con ello su vida. En el tema del aborto hay más una actitud de colaboración - sobre la base de la avanzada legislación republicana - con los casos que se planteaban, que una posición beligerante en la defensa de este derecho.
Algo por el estilo nos encontramos también ante el problema de la prostitución sobre el cual tuvieron una sensibilidad muy acusada. Las Mujeres Libres realizaron un gran esfuerzo al principio de la guerra para crear los Centros de Liberación de la prostitución cuya finalidad era aportar una ayuda moral y material, facilitando una orientación, formación profesional, así como tratamientos médicos-psiquiátricos cuando eran requeridos. Para la mayoría de la organización este era un problema de primera magnitud, ya que la prostitución era lo que permitía la distribución de "títulos de honestidad", lo "que hacía posible la decencia" de las esposas y de las hermanas, ya en ellas se desahogaban los jóvenes y los padres de familias cristianas. Era un problema de todos y en primer lugar de las mujeres, y "mientras que exista no podemos esperar la sinceridad en el amor, en el afecto, en la amistad y en la camaradería". Era por lo tanto escandaloso que todos los hombres, sin excluir los que ostentaban el color rojo o el rojo y negro, buscaran sus placeres en las casas de prostitución y en los "music-hall".
Esta actitud no quita que entre las Mujeres Libres se den condenas contra las "conductas lamentables" de muchas mujeres que "han seguido el camino fácil que les indicaba su instinto, sin cuestionar el trasfondo social y el papel determinante del machismo". Por otro lado hay que decir que sobre este punto la izquierda no se mostró mucho más audaz que la derecha, que en 1935 dictó una ley contra la prostitución en la que se establecían medidas contra las mujeres y no contra los que se beneficiaban de una manera u otra del "negocio de la carne".

4. Incomprendidas y marginadas
La trayectoria de las Mujeres Libres no podía sustraerse del curso seguido en el campo republicano después de los acontecimientos de mayo del 37 y de la consiguiente caída de Largo Caballero. Los tiempos habían cambiado de signo y lo que ayer -después de las jornadas de julio del 36- aparecía como perfectamente posible, tiene ahora potencialidades muy limitadas, a consecuencia de la orientación del gobierno Negrín y el devenir desfavorable en el campo bélico. A éste hay que añadirle las propias dificultades del movimiento libertario y las propias contradicciones de Mujeres Libres.
En esta época fueron las Mujeres Antifascistas las que pudieron cobrar un mayor protagonismo con su orientación adaptada a la división tradicional del trabajo según el cual a las mujeres sólo les cabía ser el reposo y el complemento del guerrero. Las Mujeres Libres no cuestionaban la trascendencia de las tareas militares, incluidas las de la retaguardia, pero se planteaban desafiantes por qué las mujeres tenían que renegar sus conquistas cuando los hombres no hubieran permitido algo parecido. Pero aunque de forma desigual, no dejan de debilitarse y de aceptar determinadas medidas como las que conllevaban la retirada de las mujeres del, ejército pretextando que la lucha en el frente "metódica, regular y desesperante" no era apropiada para ellas, y que en consecuencia había que cambiar el fusil por la máquina industrial y la acción de retaguardia, ya que la "verdadera mujer no deshonra el frente". Algo que contradice experiencias ulteriores en las que la mujer supo jugar un papel nada secundario, como fue el caso del Vietnam.

Contrarias a cualquier colaboración con las Mujeres Antifascistas - se niegan a utilizar la tribuna que éstas les ofrecen en las Jornadas Internacionales del 8 de marzo de 1938 de una forma sectaria -, las Mujeres Libres tratan denodadamente de encontrar un espacio dentro de la corriente anarcosindicalista, un espacio que no fuera el de un apéndice sin que tuviera los mismas títulos con que contaban las Juventudes Libertarias. Pero no serán escuchadas, y como muestra José Peirats en su obra "La CNT en la revolución española", cita que sólo se les concedieron "tareas auxiliares". Los anarquistas, dirá una testigo excepcional como Emma Goldman, "parecen no comprender el sentido de la verdadera emancipación" y parecen preferir "que sus mujeres sigan ignorando sus derechos".
Por su parte Mª Luisa Sánchez Saornil saca la conclusión de que las mujeres debían de hacer "su propia revolución" dentro de la revolución social que esperaba. Sin embargo, esta revolución no se mostrará posible y la derrota militar de la Il República lleva a la mayoría de las Mujeres Libres por las amargas sendas del exilio donde no se volverá a plantear con éxito su reconstrucción.

   NOTAS.-

   (1) Hasta que no aparecieron los diversos trabajos Mary Nash, en particular Mujer y movimiento obrero en España, 1931-1939 (Ed Fontamara, Barcelona, 1981), y Mujeres Libres. España 1936-1939 (Tusquets Ed, Barcelona, 1975), lo único que se conocía aunque era de difícil acceso era la recopilación que había realizado Lola Iturbe. Mujeres Libres: La mujer en la lucha social. La guerra civil de España (Ed Mexicanos Unidos, S.A, México, 1974). Recientemente se han publicado entre otros, Mujeres libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres, de Martha A. Ackelsberg (Virus, Barcelona, dos ediciones, 1999 y 2000); Partisanas. La mujer en la resistencia armada contra el fascismo y la ocupación alemana (1936-1945), de Ingrid Strobl (Virus, Barcelona, dos ediciones, 1996 y 2002), sobre todo en el anexo Las libertarias, de Dolors Marín; Con voz y voto. Las mujeres y la política en España (1931-1945), de Carmen Domingo (Lumen, Barcelona, 2004)....
   (2) Sobre la talla humana de algunas de sus militantes valga el ejemplo de Lola Iturbe (Oviedo, 1902-Gijón, 1999). En unas notas biográficas escribe: "Participé en el movimiento anarquista desde mis mejores años de juventud, prestando asistencia a los presos, participando en las manifestaciones y, más tarde, en el desenvolvimiento de mi formación, en reuniones, mítines y conferencias... Acompañé y asistí en su celda, hasta horas antes de que fueran ajusticiado a garrote vil, en la madrugada del 10 de noviembre de 1924, a Juan Montejo y a José Llácer. Tomé la palabra en actos públicos, como en el mitin celebrado en el Palacio de Exposiciones de Montjuich, en el que hablaron Domingo Germinal, Ascaso y Durruti... Colaboré en algunos de nuestros diarios y revistas firmando con el seudónimo de `Kyralina´ en homenaje a la famosa novela de Panait Istrati - en particular en Mujeres Libres, organización en la que destacó como militante y como articulista -. Fui secretaria del Sindicato del Vestido de Barcelona. Ayudé a mi compañero `Juanel´ en sus tareas en la editora Tierra y Libertad, así como también, más tarde, como administrador de la misma... Pasé muchos apuros económicos e incontables sufrimientos morales con la vida de lucha que `Juanel´ ha llevado durante casi toda su existencia. Detenciones, fugas y diecisiete encarcelamientos; traslados forzosos de domicilio y de país, siempre acompañada de mi madre imposibilitada y de nuestros hijos. Durante la guerra no realicé otras actividades que visitas a los frentes desde donde escribía algo... En el verano de 1938, atendí a la anarquista norteamericana Emma Goldman (...). Anteriormente, recién terminados los trágicos sucesos de mayo del 37, pasé a formar parte de la oficina Jurídica de la CNT, desde donde intervine en la localización y libertad de varios presos nuestros y del POUM, que habían sido recluidos en las `Chekas´ de los comunistas... Después de terminada la guerra, el éxodo y los largos, larguísimos años de exilio, agravados por los siete años de prisión a que fue condenado `Juanel´ cuando regresó de nuevo a España en 1946, intentando una vez más luchar por nuestras ideas..." (Carta incluida por Juan Llarch en, Cipriano Mera, Un anarquista en la guerra de España, Euros, BCN, p. 47). Antonina Rodrigo efectúa un hermoso retrato suyo en su obra, Mujer y exilio, 1939 (Compañía literaria, Madrid, 1999), que acaba diciendo: "Su vida fue la de un ser entrañable, entregada, sin reservas, al bienestar común enraizado en el respeto a la dignidad y a la libertad del ser humano".
   (3) La idea de una organización de mujeres autónomas fue desarrollada en su época por una de las grandes pioneras, la militante obrera sabadellense Teresa Claramunt a la que la ciudad de Barcelona dedicó una de sus calles que permaneció durante el franquismo por obvia ignorancia de las autoridades, y tuvo una importante profeta en la norteamericana Emma Goldman Sin embargo fueron los socialistas marxistas de la II Internacional que crearon organizaciones de mujeres, aunque en ningún caso fueron independientes.
   (4) Un buen estudio de esta importante animadora del grupo es el de Mary Nash, Dos intelectuales anarquistas frente al problema de la mujer: Federico Montseny y Maria Luisa Sánchez Saornil, aparecido en la revista Convivíum nº 44-45, Barcelona, 1975.
   (5) En el mismo número de Convivíum se puede encontrar un sustancioso retrato de Renée Lamberet sobre Soledad Gustavo.
   (6) Emma Goldman, doblemente exiliada, de su país adoptivo (USA), y de su país natal (Rusia), vivió su último combate colaborando con la CNT en Inglaterra, realizando algunos viajes al campo republicano. Su prestigio en los medios femeninos de la CNT era muy superior al que tenía Federica Montseny.
   (7) En Mary Nash, Mujer y movimiento obrero en España, p.96.
   (8) Cita de Alix Shulman en el prólogo del folleto de Emma Goldman, Tráfico de mujeres, Anagrama, BCN, 1976.
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Libro: Mujeres Libres.

El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres


Martha Ackelsberg.
Sobre la base de un estudio riguroso y profundo de las condiciones sociales y políticas que permitieron el surgimiento de un movimiento emancipatorio de mujeres en la España revolucionaria del 36, Martha Ackelsberg analiza a fondo las razones que llevaron a un numeroso grupo de mujeres del ámbito libertario a la creación de Mujeres Libres, los problemas, temas de disputa y relaciones que mantuvieron con el Movimiento Libertario y sus discusiones internas, objetivos y funcionamiento.

Martha Ackelsberg es catedrática de Ciencias Políticas y miembro del Women's Studies Program Commitee del Smith College, donde imparte cursos de teoría política, política urbana, militancia política y teoría feminista. Ha publicado artículos sobre Mujeres Libres y sobre las mujeres en el movimiento anarquista español en Feminist Studies, Radical America, Our Generation, International Labour and Working Class History y Communal Societies. Sus trabajos forman parte también de numerosas antologías sobre la militancia política de las mujeres en los Estados Unidos, sobre el proceso de cambio de las estructuras familiares y sobre el feminismo judio. 
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En 1936, unos grupos de mujeres de Madrid y Barcelona fundaron “Mujeres Libres”, organización dedicada a la liberación de las mujeres de su “esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud de productora”. Aunque duró menos de tres años,“ Mujeres Libres” movilizó a más de veinte mil mujeres y desarrolló un vasto programa de actividades diseñadas para capacitar a la mujer como individuo al tiempo que se construía un sentimiento de comunidad. La autora hace un estudio muy riguroso de “Mujeres Libres”, basándose en documentación histórica y en testimonios de las mujeres anarquistas que pertenecieron a “Mujeres Libres” y siguen vivas hoy en día; así, las mujeres que aparecen en este libro, bien entrevistadas o bien como protagonistas de “Mujeres Libres” son: Suceso Portales, Lola Iturbe, Mercedes Comaposada, Azucena Fernández Barba, Enriqueta Fernández Rovira, Sara Berenguer Guillén, Teresina Torrellas, Conchita Guillén, Amada de Nó, Pepita Carpena, Soledad Estorach, Pura Pérez Arcos.

Las fundadoras de “Mujeres Libres” fueron: Lucía Sánchez Saornil, escritora y poeta, Mercedes Comaposada, abogada, y Amparo Poch gascón, médica. El libro, además de estar muy bien documentado hace una labor ingente de visibilización de las mujeres, puesto que todas estas mujeres emprendedoras y luchadoras de la emancipación de la mujer fueron “secuestradas” de la historia de España, tanto por los vencedores de la Guerra Civil, como por los propios anarquistas que nunca les dieron la importancia que realmente tuvieron. Esta obra es muy completa en cuanto a la descripción de la política del momento en España y también en cuanto al movimiento libertario que protagonizaron los y las anarquistas; movimiento que, en su momento, fue ejemplo para todos y todas los anarquistas del mundo y en el que se incluyó “Mujeres Libres”, como organización de mujeres que tuvieron que luchar contra todos los obstáculos posibles. Leer este libro es una buena oportunidad para repasar todo el movimiento anarquista en España, pero no me voy a detener en los capítulos en que se habla de movimientos políticos en general, sino que centraré mi reseña en lo referido a “Mujeres Libres”.
La obra se desarrolla alrededor de tres puntos de interés (puntos que, por cierto, coinciden con las preocupaciones que han mostrado los movimientos feministas a lo largo de toda su historia):
  • COMUNIDAD.
  • CAPACITACIÓN
  • DIVERSIDAD.
Creían firmemente que el desarrollo del individuo sólo podía tener lugar dentro de comunidades y organizaciones que reconocieran y valoraran la diversidad de sus componentes. Haciendo un paralelismo, hay que destacar que las investigaciones feministas contemporáneas exploran qué lugares ocupan las redes de mujeres, la comunidad y las relaciones de grupo en la vida de las mujeres, tanto en el pasado como en el presente. “Mujeres Libres” intentó desarrollar estrategias de capacitación que permitieran a las mujeres tomar conciencia de sus propias capacidades.
El capítulo I del libro versa sobre la revolución anarquista y la liberación de las mujeres, en este sentido y centrándonos en cuestión de las mujeres, es importante decir que, como ocurrió con los movimientos socialistas en toda Europa, muchos anarquistas abordaron el tema de la subordinación de las mujeres como algo secundario a la emancipación de los trabajadores, como un problema que sería resuelto en “el día después de la revolución”, esto se lee expresamente en una carta que Lenin escribió a Clara Zetkin, donde dice: “Si, todo lo que dices sobre la emancipación de las mujeres está muy bien. Un objetivo muy bueno, pero para después”. Esto llevó a que “Mujeres Libres” encontrara también obstáculos dentro de su propia organización libertaria y a que tuviera que hacerse un sitio con gran esfuerzo.
En el capítulo II, titulado “ La movilización de la comunidad y la organización sindical”, se hace un recorrido por las movilizaciones y el papel de la mujer en los sindicatos a finales del XIX y primer tercio del S. XX, justo antes de la guerra civil. Se pone de relieve que, a pesar de su papel activo en los sindicatos, las mujeres estaban casi sin representación en los altos cargos de los sindicatos y encontraban obstáculos para su labor de emancipación; son muy ilustrativas las palabras de Enriqueta Fernández Rovira a este respecto: “ Siempre creí que las mujeres tenían que emanciparse.
Que nuestra lucha era, y todavía es, algo más que la simple lucha contra el capitalismo... Solíamos hablar mucho de esto, insistíamos en que la lucha no sólo se hacía en las fábricas, en las calles, o incluso en los ateneos: tenía que llegar al hogar. A veces, los chicos se reían y se burlaban de nosotras cuando decíamos tales cosas. Decían que era la lucha de todos y que todos debíamos luchar juntos. Pero yo les contestaba que no, que no sólo era eso. Necesitábamos expresarnos por nosotras mismas, ser quienes somos y lo que somos. Que no estábamos intentando quitarles nada, que necesitábamos desarrollarnos y exigir nuestros propios derechos.”
El capítulo III explica los antecedentes de “Mujeres Libres”. Se expone el contexto político y social de la guerra y también las acciones del anarquismo español en los años de la guerra y su posterior fracaso.
En el capítulo IV asistimos ya a la fundación de “Mujeres Libres”. Aunque la federación nacional de “Mujeres Libres” no se formó oficialmente hasta 1937, su revista apareció por primera vez en mayo de 1936. Las fundadoras de “Mujeres Libres” eran todas militantes del movimiento anarcosindicalista y querían el establecimiento de una organización que luchara de forma directa por la emancipación de las mujeres. La fundación de “Mujeres Libres” dio lugar a encendidos debates políticos que se reflejan en este capítulo, es una de las partes más interesantes del libro en cuanto a fundamentos teóricos de la organización; fueron debates públicos que llevaron a la reflexión de hombres y mujeres sobre la emancipación de la mujer; en este sentido son importantísimas las declaraciones de Lucía Sánchez Saornil, que representan las bases teóricas de Mujeres Libres.
En resumen, podríamos decir que lo que pretendía“ Mujeres Libres” era la preparación de las mujeres para que pudieran, en situación de igualdad, trabajar por una sociedad nueva junto a los hombres; además afirmaban que las mujeres hacían frente a una subordinación específica que requería una atención especial. De todas formas, no se unen al feminismo, incluso muestran un rechazo abierto a él por dos razones: primera, porque ya entonces el movimiento feminista había sido desprestigiado públicamente (como sucede hoy en día) y segunda y más importante para las anarquistas, que el feminismo abogaba por una igualdad de la mujer pero dentro de los esquemas sociales y políticos existentes, y las anarquistas luchaban por una sociedad radicalmente diferente, no querían las estructuras ya existentes y echaban en cara al feminismo que no luchara por esa ruptura; lo veían como un movimiento de burguesas.
En otoño del 36, “Mujeres Libres” había ya empezado a establecerse como organización independiente, con metas y programas que la diferenciaban de las demás organizaciones de mujeres de izquierdas y, hasta cierto punto, del resto de organizaciones del movimiento anarcosindicalista. Era necesaria una organización dirigida por mujeres y para las mujeres, una organización consagrada a superar la subordinación de las mujeres en todas sus facetas. Estos programas incluían clases para erradicar la ignorancia y el analfabetismo, cursos de aprendizaje industrial y comercial, así como grupos de concienciación diseñados para capacitar a las mujeres e infundirles el conocimiento y la confianza que necesitarían para participar como ciudadanas de pleno derecho en la sociedad revolucionaria. Estos programas debían ser organizados de modo federado y no jerárquico, y serían un ejemplo de las capacidades de las mujeres para obrar autónomamente con el objetivo de contribuir a la transformación social.
El capítulo V, titulado “ Educación para la capacitación: la preparación es revolución”, expone las diferentes actividades llevadas a cabo por Mujeres Libres, así como sus ideas respecto a diferentes temas de interés para las mujeres. Las actividades educativas puestas en marcha fueron muchísimas y todas ellas tenían los mismos objetivos:
  • Crear una fuerza femenina consciente y responsable que actúe como vanguardia del progreso.
  • A este efecto establecer escuelas, institutos, ciclos de conferencias, cursillos especiales, etc., tendentes a capacitar a la mujer y a emanciparla de la triple esclavitud a la que ha estado sometida, esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud de productora. Ya en 1938, en boca de las fundadoras de Mujeres Libres se escuchó la reivindicación de “A igual trabajo, igual salario”.
En el capítulo IV se da un repaso a las demás organizaciones de mujeres existentes y se ponen de relieve las semejanzas y diferencias con Mujeres Libres.

Conclusión

La autora hace un análisis de las semejanzas de la organización “Mujeres Libres” con el feminismo: las personas no existen como seres aislados, la importancia de la comunidad, la idea de emancipación, las redes de mujeres, la acción política, etc.
“Mujeres Libres” nos sirve para conocer el papel que jugaron las mujeres anarquistas en la emancipación de las mujeres y su lucha constante en contra de la subordinación de las mujeres, son un ejemplo de tantas y tantas luchas de mujeres que fueron silenciadas en España por un régimen y una sociedad patriarcal que nunca reconoció el papel de estas mujeres en la historia de nuestro país. Obra importantísima, en mi opinión, para el conocimiento y la visibilidad del trabajo de las mujeres en España en pro de la emancipación y la libertad.
Me gustaría terminar con las palabras de de las anarquistas de “Mujeres Libres” que aún vive: “ Fueron los primeros pasos hacia la emancipación de la mujer. Primeros pasos que quizá no pudieron ser grandes porque vino la guerra, y el exilio... La sociedad se ha transformado. Son nuestros hijos los que tienen que marcar el paso ahora y ser los protagonistas de los nuevos modelos. Pero el objeto de nuestros recuerdos, esa lucha tan pura...¿es posible que haya servido de algo?”

Marian Moreno Llaneza.
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Historia de la Agrupación Mujeres Libres.

Sede de Mujeres Libres. Calle de la Paz, Valencia 1937.
Mujeres Libres fue una Agrupación de Mujeres. Anarquista, libertaria y emancipadora, fue el germen de un movimiento que llegó a tener 20.000 afiliadas.
A pesar de la igualdad de género que proponía la CNT desde sus orígenes, muchas de las mujeres que militaban en el movimiento pensaron que era necesario que hubiera una organización específica para desarrollar plenamente sus capacidades y su lucha política. Como fruto de estas inquietudes comienzan a organizarse y a surgir grupos. En 1934 se crea en Barcelona el Grupo Cultural Femenino que junto con el grupo redactor de la revista Mujeres Libres (periódico) de Madrid en el que participan Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada Guillén y Amparo Poch y Gascón, será el embrión de la futura organización.

La idea de la revista surgió en el otoño de 1935 de la mano de la militante anarquista Lucía Sánchez Saornil, a la que luego se unieron Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón. Lucía y Mercedes “habían enseñado en cursos de instrucción elemental para obreros y obreras, promovidos por la CNT de Madrid en los años ‘30. Vieron la necesidad de realizarlos específicamente para las mujeres, dada la misoginia y los prejuicios existentes”, indica Eulàlia Vega, autora del libro Pioneras y revolucionarias.
Mientras la revista se gestaba y salía a la calle en Madrid, en Barcelona se había formado la Agrupación Cultural Femenina, en su mayoría militantes de la CNT y de otros organismos libertarios como los ateneos y las Juventudes Libertarias. Conocían la revista que se hacía en Madrid. Mercedes Comaposada se presentó en Barcelona buscándolas. Llevaba con ella los estatutos de una Federación Nacional. Les informó de que en Madrid y en Guadalajara ya se había constituido una agrupación con los mismos objetivos. Habían llamado a esta organización Federación Nacional de Mujeres Libres y propuso que Cataluña formara parte de la misma. Las catalanas aceptaron entusiasmadas.

Himno de Mujeres Libres (Octubre de 1937)
“Puño en alto mujeres de Iberia
hacia horizontes preñados de luz
por rutas ardientes,
los pies en la tierra
la frente en lo azul.
Afirmando promesas de vida
desafiamos la tradición
modelemos la arcilla caliente
de un mundo que nace del dolor.
¡Qué el pasado se hunda en la nada!
¡qué nos importa el ayer!
Queremos escribir de nuevo
la palabra MUJER.
Puño en alto mujeres del mundo
hacia horizontes preñados de luz,
por rutas ardientes,
adelante, adelante,
de cara a la luz.”


Una organización de masas
Llegaron a contar con 20.000 afiliadas y 170 secciones locales en todo el país sin cobrar ninguna cuota. La Comisión de Solidaridad se encargaba de gestionar donativos o subvenciones con sindicatos, ateneos y otras entidades.
Pura Pérez, militante de la organización, explicaba en 1999 que “se gestaba una revolución femenina, de la misma forma que entre todos se hacía una Revolución Social. Obreras, campesinas, enfermeras, licenciadas…Todas eran guiadas por el deseo de emancipación, su empeño era lograr una sociedad equitativa y un futuro mejor”.
Martha Ackelsberg, autora de Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres señala que había dos tendencias en sus actividades: capacitación (clases de alfabetización, aprendizaje en el trabajo, información sobre sus propios cuerpos, sensibilización y apoyo mutuo); y captación, con programas para animar a las mujeres a unirse al movimiento libertario. “Sin la completa participación de las mujeres, estaban convencidas, la revolución no podría triunfar realmente”, explica Ackelsberg.
Lo que las diferenciaba de otras agrupaciones de mujeres, como las comunistas o antifascistas, era que “su principal objetivo, incluso en mitad de la guerra, era la capacitación de las mujeres, no sólo su movilización en las actividades de apoyo al esfuerzo de guerra”, apunta Ackelsberg. “Insistían en que la participación de las mujeres en el mercado laboral, por ejemplo, no debería ser un cambio temporal, debido a las necesidades de guerra, sino un cambio más permanente en la forma en que las mujeres eran vistas en sus roles en la sociedad”.
Además, según Eulàlia Vega, “sus objetivos se diferenciaran de los otros grupos femeninos de la época, que no tenían en cuenta las diferencias de género, como la comunista Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA)”.
En 1937 en Valencia se establecen los Estatutos de la Federación Nacional de Mujeres Libres con el objetivo de capacitar a la mujer y emanciparla de la triple esclavitud a la que está sometida: “Esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud productora”.
Con el inicio de la guerra, desde la Agrupación Mujeres Libres, Concha Liaño señala que su objetivo, además de “la lucha por la liberación femenina”, también era “aportar una ayuda ordenada y eficiente a la defensa de nuestra República”. “Los hombres al frente, las mujeres al trabajo”, fue una de sus consignas. Invitaban a las mujeres a inscribirse para su adiestramiento en los campos de tiro y realizaron propaganda a favor de los Liberatorios de Prostitución o contra el analfabetismo. La respuesta de las mujeres españolas fue “vibrante”, una “explosiva toma de conciencia” pero, en la mayoría de los casos, terminó con el exilio.
Sin embargo, Concha Liaño recuerda que “era emocionante, conmovedor, comprobar cómo las mujeres se esforzaban en aprovechar una ocasión que les permitía salir de su resignada impotencia y (…) de tantos siglos de injusto sometimiento (…) Para la mujer española ése fue su momento estelar”.

“Humanismo integral”
“Nunca se definieron como “feministas”. Para ellas, ‘feminismo’ era un movimiento burgués, centrado en ganar el derecho al voto y entrar en el mercado laboral en los mismos términos que el varón. Pero tenían claro que, para la clase obrera, el trabajo no era necesariamente ‘liberador’. Lo que querían no era acceso igualitario a un sistema de privilegios, sino un nuevo sistema sin privilegios”, explica la escritora Martha Ackelsberg.
La mejor definición la hacen ellas mismas en el número 1 de la revista Mujeres Libres: “Esto es ya más que feminismo. Feminismo y masculinismo son dos términos de una sola proporción; (…) la expresión exacta: humanismo integral”. Y añaden: “El feminismo lo mató la guerra dando a la mujer más de lo que pedía al arrojarla brutalmente a una forzada sustitución masculina. Feminismo que buscaba su expresión fuera de lo femenino, tratando de asimilarse virtudes y valores extraños no nos interesa; es otro feminismo, más sustantivo, de dentro a afuera, expresión de un modo, de una naturaleza, de un complejo diverso frente al complejo y la expresión y la naturaleza masculinos”.

La herencia de ‘Mujeres Libres’
Eulàlia Vega, autora de Pioneras y revolucionarias, destaca que “es innegable la modernidad” de los planteamientos de la Agrupación de Mujeres Libres. “El hecho de unir la lucha contra la explotación capitalista con la opresión patriarcal marca su importancia y su originalidad, siendo sus militantes, en cierto sentido, las pioneras de las organizaciones feministas creadas posteriormente con el final del franquismo”. Para la escritora Martha Ackelsberg, su mayor legado fue que “ofrecieron una visión de cambio social, y una sociedad revolucionaria, en la que las mujeres fueran totalmente participantes”.

En los años 1970, durante la Transición Española hubo intentos de volver a crear esta organización e incluso llegaron a formarse algunos grupos, perdurando algunos en la actualidad vinculadas a las distintas organizaciones anarcosindicalistas.


La publicación pionera para las mujeres libres

Hace 75 años, el 20 de mayo de 1936, nacía la revista Mujeres Libres. Anarquista, libertaria y emancipadora, se dirigía a las mujeres obreras y tenía como meta “despertar la conciencia femenina hacia ideas libertarias” y sacar a la mujer “de su triple esclavitud: de ignorancia, de mujer y de productora”. El primer número se agotó casi inmediatamente, el segundo apareció el 15 de junio y el tercero justo antes de comenzar la Guerra Civil. En total se publicaron 14 números mensuales hasta 1938. Pero fue el germen de algo más: la Agrupación de Mujeres Libres, que nació en Madrid, Barcelona, Guadalajara y San Sebastián y apareció en más lugares hasta llegar a tener 20.000 afiliadas. Aunque sus fundadoras eran anarquistas, pertenecientes a la CNT y/o a las Juventudes Libertarias, muchas de las que se acercaron a ellas no lo eran. Su mérito fue llegar a todas y formarlas para lograr su emancipación económica, social e intelectual.
Como recordaba Sara Berenguer, miembro de Mujeres Libres y recientemente fallecida, en el libro colectivo Mujeres Libres. Luchadoras libertarias (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 1999), la idea de la revista surgió en otoño de 1935 en las columnas del periódico Solidaridad Obrera, donde Lucía Sánchez Saornil, ex secretaria de redacción de CNT de Madrid, invitada por Mariano R. Vázquez,Marianet, secretario general de la CNT catalana, a ocupar una tribuna femenina, responde: “No recojo tu sugerencia porque mis ambiciones van más lejos; tengo el proyecto de crear un órgano independiente para servir exclusivamente a los fines que me he propuesto”.
Sánchez Saornil encontró en Mercedes Comaposada, ensayista y periodista como ella, y la doctora Amparo Poch y Gascón, a las colaboradoras entusiastas y competentes con las que, después de muchas vicisitudes, pudo realizar el proyecto en mayo de 1936. Según la militante de CNT y ex secretaria del Sindicato Antonia Fontanillas, que las conoció, “Mercedes y Lucía confirieron a la revista una personalidad anarquista revolucionaria altamente crítica”.
Para Martha Ackelsberg, autora de Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres (Virus, Barcelona, 1991), “tenían diferentes prioridades. Para Mercedes, uno de los más importantes objetivos era la formación. Defendía artículos que educaran a las mujeres sobre una variedad de temas y posibilidades para sus vidas. Lucía era, entre otras cosas, una poetisa con talento. Algunos de sus poemas se publicaron en la revista”.
Además, relata Ackelsberg, Sánchez Saornil “escribió un irónico artículo sobre ‘una fábrica de bodas en serie’. Amparo Pochera, médico muy radical verbalmente en temas de sexo y género, probablemente fue la autora de muchos artículos que aparecieron sobre la salud de mujeres y niños”.
El cuerpo de redacción estaba formado por ellas tres, que solían firmar con seudónimo, lo que hace difícil atribuir los textos. Al mismo tiempo buscaban colaboraciones exclusivamente de mujeres, como la influyente anarquista Emma Goldman.
Las numerosas cartas de Lucía muestran cómo convenció a Lola Iturbe, que colaboraba también en Solidaridad Obrera, para que escribiera en la revista. Trataba de enseñar a las mujeres que querían colaborar qué datos y qué imágenes les tenían que enviar de sus pueblos para publicar artículos sobre huelgas y colectivizaciones en el campo. Fue un trabajo arduo que retrasó varias veces la salida de la revista, que se distribuía por correo y a través de quiosqueros anarquistas o afines. El primer editorial expresaba la intención de “hacer oír una voz sincera, firme y desinteresada; la de la mujer; pero una voz propia, la suya (...); la no sugerida ni aprendida en los coros teorizantes”. Así, “tratará de evitar que la mujer sometida ayer a la tiranía de la religión caiga (…) bajo otra tiranía, no menos refinada y aún más brutal, que ya la cerca y la codicia para instrumento de sus ambiciones: la política”, ya que “no entiende de problemas humanos, sino de intereses de secta o de clase. Los intereses de los pueblos no son nunca los intereses de la política. Ésta es la incubadora permanente de la guerra”.
Lucía Sánchez explicaba que “la revista despertó un vivo interés. Nuestras ideas fueron acogidas como la única esperanza de salvación por millares de mujeres”. La primera acogida superó los cálculos y para el segundo número tuvieron que doblar la tirada. Ackelsberg señala que “muchas mujeres encontraron interesante y desafiante esta apertura de nuevas direcciones y oportunidades”. Esos caminos se iban a concretar en la Agrupación Mujeres Libres. La guerra empieza justo después del tercer número. Ya no es aquella revista de 14 páginas, sencilla, de dos meses atrás. Ahora,metidas de lleno en los cambios revolucionarios que la guerra y el fascismo desataron, “hacemos de Mujeres Libres el periódico estremecido, caliente y vibrante que pueda reflejar con toda intensidad la imponente grandeza del momento”.
Aumenta su tamaño y enriquece su lenguaje, que refleja preocupación y aporta soluciones, pero también críticas a la realidad que se vive. En 1938 la revista dejó de aparecer. Muchas de las militantes salieron de España, algunas se mantuvieron en contacto y publicaron varios números de Mujeres Libres en el Exilio. Pero la organización como tal finalizó con el triunfo de las tropas de Franco en 1939.
Aunque tuvo una corta duración, la revista Mujeres Libres no sólo contribuyó a aglutinar a un movimiento de mujeres que lucharon por la emancipación y que dejaron honda huella en quienes las conocieron y formaron parte, sino que también supuso un estallido de originalidad y creatividad que, con esfuerzo y mucha ilusión, produjo una de las revistas más interesantes del periodismo español.
Dos misterios
No se sabe a ciencia cierta qué sucedió con Lucía Sánchez Saornil. Como Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gastón, Lucía también se exilió de España en un primer momento, pero luego regresó. Se escondió en Valencia hasta su muerte en 1970. Pasó 12 años oculta en la clandestinidad hasta que regularizó su situación. Se dedicó a pintar cuadros de pintores conocidos por encargo de un marchante.
Jamás volvió a dedicarse a actividades periodísticas. Por su parte, Mercedes Comaposada intentó hacer un libro tras la muerte de Franco sobre Mujeres Libres. Pidió la colaboración de las veteranas para que le enviaran por carta todo lo que recordaran. Llegó a redactar un manuscrito que, junto con la documentación, desapareció tras su muerte.

Referencias

  • Mujeres Libres: El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. VIRUS editorial. Barcelona, 2006 (tercera edición). ISBN 84-88455-66-6. ISBN 978-84-88455-66-6
  • Mujeres Libres: España 1936-1939. Selección y prólogo de Mary Nash. Tusquets. Barcelona, 1976. ISBN 84-7223-704-4
  • Liaño Gil, Conchita. Mujeres Libres. Luchadoras libertarias. Fundación Anselmo Lorenzo. ISBN 84-86864-33-X
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