[Entrevista] Dos mujeres libres.

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  • "La calle de Todos", revista de la Federación de Asociaciones de Barrio de Zaragoza (FABZ) charla con Concha Liaño y Antonia Fontanilla
    Podemos empezar por hablar de vuestros orígenes, vuestra infancia.
    Antonia: Yo nací en Barcelona, en el barrio del Raval, que le llamaban el Barrio Chino, un barrio donde había prostitución. A los ocho años marchécon mi madre y mis hermanos a México. He vivido siempre en un entorno de ideas libertarias. Siempre he oído hablar de persecución; mi abuelo se suicidó en la cárcel. Era zapatero y militante de la I Internacional.
    Y en México también estábamos con compañeros que habían participado en la revolución mexicana. Cuando volvimos a Barcelona yo tenía lailusión de integrarme a los Ateneos libertarios, pero era muy tímida para meterme sola, y no fue hasta que en la litografía donde trabajaba todoslos aprendices y mujeres nos adherimos a la CNT, en mayo de 1936
    Concha: Yo por accidente nací en las afueras de Paris, el 24 de noviembre de 1916. Me crié en Cuba y en México. A México llegué con cinco años, y salí con diez para España.
    Vaya vidas paralelas, sin juntaros hasta ahora...
    Concha: Sí. ¡Estuvimos las dos en México y vivimos en Barcelona y no nos conocimos! Yo era muy contestataria. Veía obrar mal a los demás y pensaba que cuando fuera mayor no haría lo mismo. Y así ha sido. Empecé a estar muy furiosa de ver que las mujeres se dejaban oprimir. En mi casa me tenían como una chiflada, diciendo que era yo sola la que pensaba así. Pero a los 14 años me junté con los libertarios, me llevaron al Ateneo del Clot, y allí vi que había cantidad de gente que pensaba como yo. Aquello era maravilloso, había grupos de Juventudes Libertarias en todas las barriadas, en casi todos los pueblos. Nos reuníamos los sábados y domingos. Hacíamos excursiones, en verano íbamos a Masnou, en invierno nos íbamos a la montaña...
    Luego fuiste de las iniciadoras del movimiento libertario de mujeres.
    Concha: En 1935, ocho compañeras creamos la Agrupación Cultural Femenina, que fue el origen en Barcelona de lo que sería luego Mujeres Libres. A mí me encargaron que organizara la región de Cataluña, y en cuatro meses la organicé toda.
    Tenía 19 años. En realidad no hallábamos como empezar, qué hacer, porque éramos mujeres sin ninguna cultura, excepto dos.
    Es un privilegio tener delante alguien que vivió 19 de julio en Barcelona.
    Antonia: Yo no estuve en ninguna barricada, pero en mi barrio, que va de la calle Hospital a la calle San Pablo, lo que yo recuerdo con emoción es el padre de un amigo de mi hermano, la voz de él: “¡Compañeros, la CNT y la FAI está en la calle!”. Aquello se movilizó todo. Empezaron a saltar todos los adoquines, armaron una barricada de cada lado, y hasta del prostíbulo salía gente. Y en la radio, que no oías hablar nunca de la CNT y la FAI, no se oía más que CNT, CNT y FAI.
    Pero a mí me había salido una cosa en el brazo y no lo podía mover, con que no salí de casa hasta el segundo o tercer día en que fuimos con mi madre a ver aquello.
    Por todas partes había coches con las siglas CNT-FAI pintadas, alguno de UGT o de UHP, y coches tumbados, las iglesias chamuscadas. Y las casas de empeño con colas de gente que iban a buscar lo suyo sin pagar.
    Y me acuerdo también del tercer día cuando marcharon las columnas con Durruti hacia Aragón, los vimos partir y se te iba el corazón con todo aquello.
    Siempre se dice que los anarquistas eran los dueños de Barcelona.
    Antonia: Sí, claro, eran los dueños de la calle. Por todos los sitios, lo dice hasta Carrillo, estaba el rojo y negro. Pero fueron muy tontos, porque Companys les dijo, pasados días: “Ustedes son los dueños de la situación, si quieren me quedo,si quieren me voy”.
    Y lo dejaron en el poder.
    Concha: Yo no sé si hicieron bien o hicieron mal, porque al final fueron los comunistas los que se quedaron con la sartén por el mango. Pero el 19 de julio nosotros íbamos de un lado para otro pidiendo armas. En una plaza, donde está la Generalitat, estábamos allí cientos, delante de un balcón pidiendo armas. Y Companys salía y decía: “¡Espérense, espérense!”. Yo oí auno detrás de mí que decía “éste nos tiene más miedo a nosotros que a Franco”.
    Cuando se cansaron de esperar se fueron a asaltar las armerías, a los barcos, a conseguir armas donde fuera. Yo por suerte tenía una pistolita que me habían regalado, y estábamos levantando barricadas cerca de la Casa de Cambó. Vi esa casa tan bonita, erala casa patronal de los industriales. Como no teníamos armas, pensé “vamos a tirar adoquines desde arriba”, y le dije al conserje “ábranos la puerta”. Me dijo “no, porque lo tengo todo limpio y los señores me van a regañar si lo ensucian”. Y digo “si no me la abres le pego un tiro a la cerradura y entro”.
    Entonces abrió y entramos, y era muy bonita por dentro. Ya no salimos de allí.
    Vaya época en la que se regalaban pistolitas a las chicas...
    Concha: No sé quién me la regaló. Era una pistolita muy pequeña, pero para descerrajar la puerta si que sirvió. Cuando conseguí que me abrieran la puerta me fui corriendo a la barricada y les dije “miren, vamos a subir allí con unos adoquines, porque aquí nos van a matar como chinches”. Entonces varios de los que estábamos allá, alguna muchacha, las Juventudes Libertarias, y mucha gente del pueblo, entramos en tropel y ya no
    vimos al conserje, desapareció. Luego esa fue la sede de la CNT-FAI.
    Habladnos de Mujeres Libres, de la organización.
    Antonia: Lo que existía en Madrid era una revista que ya empezó a salir en el mes de mayo del 36. Las que fundaron Mujeres Libres fueron Lucía Sánchez Saornil, Amparo Poch y Mercedes Comaposada. Mercedes marchó a Barcelona y contactó con el grupo de mujeres que decía Concha, la Agrupación Cultural Femenina que se preocupaba de que la mujer se integrara a la vida social, de formarla y de que participara. Pero no sé si lo hubieran conseguido sin la revolución. Las agrupaciones de Mujeres Libres nacieron a raíz de la réplica del pueblo al levantamiento fascista.
    Ya. Estaba la cuestión de que las mujeres se integraran en la lucha sindical, que sería un objetivo del movimiento libertario. Pero también el aspecto específico de la lucha por la liberación de la mujer.
    Concha: No. Nosotras lo que buscábamos a todo precio es que las mujeres comprendieran que no debían aceptar su situación que tenían que rebelarse. Ese era el motivo de nuestra lucha como Mujeres Libres.
    Cuando vino Mercedes Comaposada desde Madrid y nos propuso hacer una organización nacional, estuvimos completamente de acuerdo. Vimos un horizonte abierto que no teníamos, porque no sabíamos por dónde empezar. Allí estábamos ocho mujeres con un local, queríamos dar clases para que las mujeres aprendieran...
    Mercedes ya traía todo un plan estructurado. Teníamos unas metas muy bien definidas: paridad de derechos y de deberes, patria potestad compartida, que la mujer tuviera derecho a decidir (que no lo tenía, era el marido el que decidía), igual pena en caso de adulterio, que la mujer pudiera disponer de sus bienes, que las mujeres cuya aspiración no fuera sólo la doméstica y ser madres tuvieran las mismas oportunidades que los hombres para acceder a estudios superiores... En fin, que tuvieran los mismos derechos que un hombre, que dejaran de ser “menores de edad”. Esos eran nuestros objetivos, y ahora me he quedado asombrada porque en España muchos los han conseguido. Y me siento en la gloria, porque nosotras sembramos una semillita, y mira cómo fructificó, a pesar de 40 años de silencio que tuvieron en contra.
    Antonia: Hay decir también que desde el punto de vista del movimiento libertario, ya en el congreso de 1872, aquí precisamente en Zaragoza, la sección española de la I Internacional reconoció que la mujer es un ser inteligente como el hombre, que tiene necesidad de las mismas opciones y que hay darle los medios para que se pueda desarrollar y desenvolver.
    Han sido precisos muchos años para llegar al presente de que la mujer esté en todas partes, incluso en la organización. Porque una cosa son las palabras y otras los hechos.
    Es lo que Lucía Saornil les decía a los hombres de la CNT que querían atraer a la mujer: “Vamos a hablar de eso, pero hay que empezar por casa, por cada uno de vosotros. ¿Qué es lo que hacéis? ¿Por qué no tratáis de atraer a vuestra compañera a los mítines, para formarla, para que participe?”.Ah no, su mujer estaba muy bien en casa, ocupándose de él y de los hijos.
    Pero, ¿cuál era vuestra actividad en concreto? ¿cómo participaban las mujeres?
    Concha: Antes de la guerra dábamos patadas en el aire. Luego, las mujeres acudían entropel, gente del pueblo, no sólo de la CNT o la FAI. Para nosotras era una alegría enorme. Pero nos costaba mucho mantenerlo, los compañeros nos daban el dinero a cuentagotas. Quien se encargaba de conseguir dinero para pagar al profesorado era mi compañera de armas, Soledad Estorach, y yo la vi llorar más de una vez porque no tenía para pagarles. a mí me encargaron organizar la región de Cataluña porque era de las pocas que sabía escribir y redactar. Iba a los pueblos a formar grupos de mujeres. Primero les mandaba material, los compañeros reunían un grupo y yo iba a dar una charla y organizar a las mujeres.
    Recuerdo que en Reus pasaron los aviones a bombardear y allí se quedaron ellas, sentadas, sin moverse. Era muy emocionante
    En aquella opresión de las mujeres era particularmente recalcitrante la iglesia
    Concha: En los pueblos mandaban los curas, y las mujeres beatonas. Algunos decían que era mejor que las mujeres no votaran porque les darían el voto a las derechas. Y en las elecciones del 34 ganaron, pero fue porque la CNT llamó a no votar.
    Antonia: La República no quiso o no pudo conceder lo que pedían los trabajadores, y volvió la represión contra ellos.
    La CNT estuvo siempre movilizando a los trabajadores, luchando. Por eso cuando llegó la sublevación fascista el pueblo estaba sensibilizado y pudo responder, y fue el pueblo el protagonista de la revolución española. De todos los colores, ya no había partidos.
    ¿Cómo fue el final de la guerra?
    Concha: Todo el movimiento anarquista sabíamos desde que se firmó el Tratado de No Intervención, que teníamos la guerra perdida. A pesar de ello seguimos luchando, parece que esperábamos un milagro que no llegó.
    El éxodo fue terrible. La carretera era una columna enorme de gente. Nos ametrallaban los aviones y en las cunetas iba quedando un reguero de cepillos, de zapatos, de cosas que la gente tiraba para quitarse peso. Así llegamos a Francia. No nos abrían la frontera, pero cuando vieron que fusilaban a la gente, nos dejaron pasar. Fui a parar a las caballerizas de un gran cuartel, dormíamos en la paja. Soledad y yo pusimos listas de los que iban llegando buscando a sus familiares. Como sabía francés, me encargué de pedirles a los franceses yodo y vendas para curar a los que llegaban con los pies llagados.
    Para ir terminando, decíais que os choca mucho ahora que parte del movimiento feminista quiera legalizar la prostitución.
    Concha: Yo no lo puedo aceptar, ni Mujeres Libres lo aceptaría. Legalizar la prostitución es mantener a la mujer en la esclavitud.
    Antonia: Lo que Mujeres Libres ha hecho siempre ha sido defender a la prostituta y denunciar todo lo que mantiene la prostitución. Cuando ganamos la calle el 19 de julio dijimos: ha nacido una vida nueva. Y una de las cosas esenciales en las que se volcó Mujeres Libres fue en sacar a las mujeres del analfabetismo y de la prostitución. Y se crearon “liberatorios” para formarlas, enseñarles un oficio, darles cultura. Hay que hacer consciente a la prostituta que reivindica su oficio de que eso no la dignifica, que es un ser humano y merece otra cosa, que tiene un espíritu y que no puede alquilarse por dinero. Legalizar es una hipocresía.
    En el ideal libertario está la regeneración de la mujer. Si yo he sabido defenderme en un país donde no conocía la lengua ha sido por mi cultura libertaria, por mi dignidad de mujer.
    Por último, ¿qué cosas os han llamado la atención de la España de hoy respecto a la que dejasteis?
    Concha: En las casas donde he estado me he quedado asombrada: las mujeres agarran la puerta y se van sin decir nada, salen de viaje, y los hombres se meten en la cocina y friegan los platos. Y luego las veo aquí con ese ímpetu, con esas ganas de seguir luchando para que las mujeres consigan a lo que tienen derecho. Estoy muy feliz, me muero muy feliz.
    Antonia: Ahora van a venir a verme cuatro muchachitas, que no tienen 30 años, y me hablan de autodefensa, de aprender a defenderse contra las agresiones machistas. Está tan horrible la sociedad actual, que una mujer tenga que recurrir a aprender cómo defenderse del ataque de un hombre... Con todo lo que había en nuestra época y viviendo en un barrio donde había prostitución, yo nunca he tenido que recurrir a eso. Se vive una época terrible y no sé cómo se va a arreglar. Y no sé si esta reacción del “macho” es en función precisamente de la evolución que ha experimentado la mujer, de la expansión de la personalidad femenina.

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