Mujeres del 36.

Documental sobre las mujeres que durante la República y la Guerra Civil lucharon para conseguir cambiar el papel de la mujer española en la sociedad. El testimonio de algunas de ellas de distintas ideologías -procedentes de ámbitos urbanos o de pequeños pueblos-, trabajadoras, campesinas o miembros de familias acomodadas, sirve para reconstruir la peripecia humana de estas mujeres, que hoy son ya octogenarias y, servir de muestra de la realidad que vivieron algunas de ellas en aquellos años. El documental pone especial énfasis en los aspectos referidos a su vida cotidiana, y da a conocer cómo era su actividad diaria, la relación con su medio social, con la familia, la escuela, el trabajo, los padres, los hombres...
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[Vídeo] Homenatge a Pilar Molina i «Mujeres Libres» amb Concha Liaño a València.

Acte en el Fòrum de Debats de la Universitat de València presentat per Alfons Cervera amb la intervenció de Carmen Agulló, Manolo Sanmartín i Concha Liaño.
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Federica Montseny.

     Federica Montseny es una figura clave del anarquismo español. Hija de dos anarquistas ilustres, Federico Urales y Soledad Gustavo, impulsores de la prestigiosa La Revista Blanca. Nació en Madrid en 1905 y murió en el exilio, en Toulouse, en 1994. Publicó numerosos artículos y novelas que ejercieron una enorme influencia en la concienciación de los militantes libertarios, del mismo modo que participó en numerosas giras de propaganda por todo el país. Defendió los principios más puros del anarquismo, pero, paradojas de la historia, se convirtió en la primera mujer ministra de la historia de nuestro país, formando parte, junto a otros tres anarquistas, del gobierno de Largo Caballero durante un breve período de la guerra civil española entre 1936-1937, como ministra de Sanidad y Asistencia Social. En estos meses, sacó adelante un decreto de despenalización del aborto pionero en nuestro país. Ya no volvería a existir otro similar hasta la ley de 1985.
     F. Montseny fue una mujer rebelde que se desmarcó de los corsés que la sociedad imponía a las mujeres en su época y que luchó tanto contra el autoritarismo patronal como contra el poder patriarcal, aunque nunca estuvo de acuerdo con la formación de asociaciones segregadas de mujeres, como es el caso de Mujeres Libres. Entre sus numerosos escritos y los que le han dedicado los investigadores, quiero recomendar tres: sus memorias (Mis primeros cuarenta años), la biografía escrita por la historiadora Susana Tavera (Federica Montseny. La indomable) y un librito que recopila sus artículos de prensa tras una gira de propaganda que realizó por diferentes localidades andaluzas en el verano de 1932 (Federica Montseny en Andalucía. Verano de 1932). También puede accederse a muy diversa documentación en la página web del Centre d'Estudis libertaris Federica Montseny, donde pueden consultarse, entre otros materiales, documentación histórica, material multimedia y prensa obrera y anarquista.
     En su viaje por Andalucía, en los últimos días de diciembre de 1932, Federica Montseny se encontraba en Granada y se dirigía a Sevilla para coger el tren que la llevaría de vuelta a Barcelona. Uno de los últimos encuentros que anotó en su cuaderno de viaje fue el siguiente:

     "Pero algo marcó nuestro viaje con un recuerdo inolvidable; el encuentro con dos campesinos en la provincia de Jaén, que descendieron en la estación de Larva y con los que charlamos largamente, buceando en sus almas y descubriendo con alegría en ellas, simples y oscuras como son, un eco inmediato y ardiente de nuestras palabras.
     ¡Pobres mujiks españoles, de enclenques tipos, de escuálidas mejillas! El uno, analfabeto en absoluto; el otro, sabiendo aún deletrrear y escribir su nombre. Le hablábamos con dulzura, con palabras sencillas, fáciles de comprender, iniciándoles ideas de asimilación rápida, comparaciones entre su mísera situación, debiendo emigrar a lejanas tierras acosados por el hambre, vendiendo siempre sus brazos, produciéndolo todo con ellos, sin tener nunca nada. Les hablábamos de la posibilidad de que las cosas fuesen mejor. Nos escuchaban con atención profunda y nos contestaban con frases que revelaban inteligencia, inquietudes morales, anhelos y rebeldías inconscientes. Les atiborramos de folletos, periódicos, todo lo que llevábamos encima. Después les hemos mandado más, ya desde casa.
     Al descender en la estación de Larva nos saludaron con entusiasmo muchas veces, no dejando la estación hasta que volvió a partir el tren, agitando sus gorrillas, sorprendidos y deslumbrados por el encuentro y la charla tenida.
     Les miraba con tanta ternura y emoción en el alma que hasta sentía mis ojos humedecerse.
     - Tienen materia para charlar un mes seguido en el pueblo. Ya ves si puede hacerse labor en esta España nuestra, en la que, en medio de la ignorancia y la miseria, florecen el ideal y la revolución como nacen las flores en un estercolero.
     ¡Oh, en el poblacho le esperaban los hijos descalzos, las mujeres flácidas, sucias, desarrapadas; las cuevas abiertas en la roca, que tienen categoría de viviendas humanas y que constituyen aldeas en esa Andalucía del Norte, hermana de las Hurdes castellanas! ¿Cómo no rebelarse: cómo no hallar eco en estas almas, por obscuras y embrutecidas que estén, nuestras palabras de amor y de redención; cómo no impresionarles con nuestra ternura y tantas frases sencillas y nuevas dichas a su oído?
     Toda, toda la obra de la revolución está ahí por hacer. Lo siento con vehemencia, con ímpetu, con todo el fuego y la voluntad de mi alma".

[Federica Montseny en Andalucía. Verano de 1932; pp. 64-65]
 
     La confianza en el papel revolucionario del campesinado, la lucha contra la ignorancia y la miseria, el contacto estrecho con los trabajadores, una propaganda muy cercana al lenguaje de las clases populares, el afán de ilustración a través de folletos, periódicos, revistas y libros, la esperanza en un futuro mejor y no muy lejano... Éstas son algunas de las constantes del ideal ácrata que entusiasmaron a tantos obreros y campesinos de nuestro país, hombres y mujeres, durante el primer tercio del siglo XX.

     En el siguiente documental, realizado por Televisión Española en 1991, Federica Montseny hace un repaso a su vida y a sus ideales, así como a los principales acontecimientos de la historia social y política de este país, de los que ella no fue una mera espectadora, sino una de sus protagonistas. 
Publicado en http://rruano.blogspot.com.es/
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Mujeres de temple: Sara Berenguer.

Todas las "Mujeres de Temple" merecen nuestra admiración y nuestro respeto. Mas, para mí, el gran mérito de este libro es el de haber dado la palabra a mujeres, que sin él, nunca habrían podido hablar de sus vivencias y transmitirlas, y confieso que los testimonios de estas mujeres tan sencillas me han emocionadao mucho.Es importante tener en la mente que la Historia no se escribe únicamente con datos y nombres conocidos. Son también hombres y mujeres anónimas las que la escriben, cada una en su lugar, sin dejar desviar su conciencia según las circunstancias. Estas mujeres han dejado una huella contrastada por la resolución de situaciones dramáticas, peligrosas, complejas e insólitas a las que todas ellas hicieron frente con valor, rectitud y honestidad por sus convicciones y amor.

Sara Berenguer Laosa (Barcelona, 1919). Hija de obreros, en julio de 1936, al estallar la revolución que cambió el signo del golpe fascista en Barcelona, ocupará diversos cargos en la CNT-FAI militancia que alternará con labores de alfabetización, como maestra en el Ateneo Cultural de Les Corts y actividades culturales de las Juventudes Libertarias.En el transcurso de la guerra se incorpora a la Sección del Combatiente de la S.I.A. (Solidaridad Internacional Antifascista). Forma parte de varias delegaciones de Mujeres Libres, que visitan a los milicianos el frente y los Hospitales de Sangre y es elegida para ocupar el secretariado de propaganda regional de la organización. A fines de enero de 1939 abandona Barcelona y parte al exilio —que duraría 37 años— . Poco después, su compañero, Jesús Guillen, se reunirá con ella y juntos militarán en el clandestino Movimiento Libertario Español y en la Resistencia Francesa.Madre de cuatro hijos: Germinal, Sara, Eliseo y Helenia, y de formación autodidacta, Sara tiene publicados diversos libros en castellano, catalán y francés.

L'Exaim Edicions, Colección Roja y Negra, Valencia 2008
360 págs. Rústica il. 22x15 cm
ISBN 978-84-96014-77-0
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Entre el sol y la tormenta: Revolución, guerra y exilio de una mujer libre.

Sara Berenguer Lahosa
El testimonio de una vida consagrada a pelear por la libertad, entre el sol y la tormenta es, a la vez, un documento excepcional que nos permite conocer mejor uno de los episodios más extraordinarios de la guerra civil española: la lucha de las mujeres libertarias. En aquellos momentos decisivos de la historia europea, estas mujeres salieron a la calle junto a sus compañeros para defender la República y la revolución social. Acabada la guerra, muchas de ellas continuaron trabajando por sus ideas en el exilio.

Sara Berenguer Lahosa nació en 1919, en la barcelonesa barriada de Poble Sec. Hija de obreros, cuando estalla la guerra civil, ocupará diversos cargos: comité revolucionario (CNT-FAI) del barrio de Les Corts y Comité Regional de Catalunya de las industrias de la edificación, madera y decoración (CNT-AIT). Actividades que alternó con su colaboración de maestra en el Ateneo Cultural de Les Corts y en las Juventudes Libertarias.

Mediada la guerra, se integró en la sección de combate del SIA (Solidaridad Internacional Antifascista). Formó parte de varias delegaciones de Mujeres Libres que visitaron a los milicianos del frente de Aragón, cerca de la línea de fuego y organizaron visitas a los hospitales de sangre; por último, fue secretaria de propaganda del Comité Regional de Mujeres Libres.

A finales de enero de 1939 abandona Barcelona y parte al exilio –que duraría 37 años- por la frontera de los Pirineos. Poco después, su compañero se reuniría con ella y juntos militarían en la resistencia.

L'Eixam edicions. Colección Roja y negra. Valencia 2004
336 págs. Tapa dura 22x15 cm
ISBN 978-84-96014-27-5
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[Entrevista] Dos mujeres libres.

"La calle de Todos", revista de la Federación de Asociaciones de Barrio de Zaragoza (FABZ) charla con Concha Liaño y Antonia Fontanilla
Podemos empezar por hablar de vuestros orígenes, vuestra infancia.
Antonia: Yo nací en Barcelona, en el barrio del Raval, que le llamaban el Barrio Chino, un barrio donde había prostitución. A los ocho años marchécon mi madre y mis hermanos a México. He vivido siempre en un entorno de ideas libertarias. Siempre he oído hablar de persecución; mi abuelo se suicidó en la cárcel. Era zapatero y militante de la I Internacional.
Y en México también estábamos con compañeros que habían participado en la revolución mexicana. Cuando volvimos a Barcelona yo tenía lailusión de integrarme a los Ateneos libertarios, pero era muy tímida para meterme sola, y no fue hasta que en la litografía donde trabajaba todoslos aprendices y mujeres nos adherimos a la CNT, en mayo de 1936
Concha: Yo por accidente nací en las afueras de Paris, el 24 de noviembre de 1916. Me crié en Cuba y en México. A México llegué con cinco años, y salí con diez para España.
Vaya vidas paralelas, sin juntaros hasta ahora...
Concha: Sí. ¡Estuvimos las dos en México y vivimos en Barcelona y no nos conocimos! Yo era muy contestataria. Veía obrar mal a los demás y pensaba que cuando fuera mayor no haría lo mismo. Y así ha sido. Empecé a estar muy furiosa de ver que las mujeres se dejaban oprimir. En mi casa me tenían como una chiflada, diciendo que era yo sola la que pensaba así. Pero a los 14 años me junté con los libertarios, me llevaron al Ateneo del Clot, y allí vi que había cantidad de gente que pensaba como yo. Aquello era maravilloso, había grupos de Juventudes Libertarias en todas las barriadas, en casi todos los pueblos. Nos reuníamos los sábados y domingos. Hacíamos excursiones, en verano íbamos a Masnou, en invierno nos íbamos a la montaña...
Luego fuiste de las iniciadoras del movimiento libertario de mujeres.
Concha: En 1935, ocho compañeras creamos la Agrupación Cultural Femenina, que fue el origen en Barcelona de lo que sería luego Mujeres Libres. A mí me encargaron que organizara la región de Cataluña, y en cuatro meses la organicé toda.
Tenía 19 años. En realidad no hallábamos como empezar, qué hacer, porque éramos mujeres sin ninguna cultura, excepto dos.
Es un privilegio tener delante alguien que vivió 19 de julio en Barcelona.
Antonia: Yo no estuve en ninguna barricada, pero en mi barrio, que va de la calle Hospital a la calle San Pablo, lo que yo recuerdo con emoción es el padre de un amigo de mi hermano, la voz de él: “¡Compañeros, la CNT y la FAI está en la calle!”. Aquello se movilizó todo. Empezaron a saltar todos los adoquines, armaron una barricada de cada lado, y hasta del prostíbulo salía gente. Y en la radio, que no oías hablar nunca de la CNT y la FAI, no se oía más que CNT, CNT y FAI.
Pero a mí me había salido una cosa en el brazo y no lo podía mover, con que no salí de casa hasta el segundo o tercer día en que fuimos con mi madre a ver aquello.
Por todas partes había coches con las siglas CNT-FAI pintadas, alguno de UGT o de UHP, y coches tumbados, las iglesias chamuscadas. Y las casas de empeño con colas de gente que iban a buscar lo suyo sin pagar.
Y me acuerdo también del tercer día cuando marcharon las columnas con Durruti hacia Aragón, los vimos partir y se te iba el corazón con todo aquello.
Siempre se dice que los anarquistas eran los dueños de Barcelona.
Antonia: Sí, claro, eran los dueños de la calle. Por todos los sitios, lo dice hasta Carrillo, estaba el rojo y negro. Pero fueron muy tontos, porque Companys les dijo, pasados días: “Ustedes son los dueños de la situación, si quieren me quedo,si quieren me voy”.
Y lo dejaron en el poder.
Concha: Yo no sé si hicieron bien o hicieron mal, porque al final fueron los comunistas los que se quedaron con la sartén por el mango. Pero el 19 de julio nosotros íbamos de un lado para otro pidiendo armas. En una plaza, donde está la Generalitat, estábamos allí cientos, delante de un balcón pidiendo armas. Y Companys salía y decía: “¡Espérense, espérense!”. Yo oí auno detrás de mí que decía “éste nos tiene más miedo a nosotros que a Franco”.
Cuando se cansaron de esperar se fueron a asaltar las armerías, a los barcos, a conseguir armas donde fuera. Yo por suerte tenía una pistolita que me habían regalado, y estábamos levantando barricadas cerca de la Casa de Cambó. Vi esa casa tan bonita, erala casa patronal de los industriales. Como no teníamos armas, pensé “vamos a tirar adoquines desde arriba”, y le dije al conserje “ábranos la puerta”. Me dijo “no, porque lo tengo todo limpio y los señores me van a regañar si lo ensucian”. Y digo “si no me la abres le pego un tiro a la cerradura y entro”.
Entonces abrió y entramos, y era muy bonita por dentro. Ya no salimos de allí.
Vaya época en la que se regalaban pistolitas a las chicas...
Concha: No sé quién me la regaló. Era una pistolita muy pequeña, pero para descerrajar la puerta si que sirvió. Cuando conseguí que me abrieran la puerta me fui corriendo a la barricada y les dije “miren, vamos a subir allí con unos adoquines, porque aquí nos van a matar como chinches”. Entonces varios de los que estábamos allá, alguna muchacha, las Juventudes Libertarias, y mucha gente del pueblo, entramos en tropel y ya no
vimos al conserje, desapareció. Luego esa fue la sede de la CNT-FAI.
Habladnos de Mujeres Libres, de la organización.
Antonia: Lo que existía en Madrid era una revista que ya empezó a salir en el mes de mayo del 36. Las que fundaron Mujeres Libres fueron Lucía Sánchez Saornil, Amparo Poch y Mercedes Comaposada. Mercedes marchó a Barcelona y contactó con el grupo de mujeres que decía Concha, la Agrupación Cultural Femenina que se preocupaba de que la mujer se integrara a la vida social, de formarla y de que participara. Pero no sé si lo hubieran conseguido sin la revolución. Las agrupaciones de Mujeres Libres nacieron a raíz de la réplica del pueblo al levantamiento fascista.
Ya. Estaba la cuestión de que las mujeres se integraran en la lucha sindical, que sería un objetivo del movimiento libertario. Pero también el aspecto específico de la lucha por la liberación de la mujer.
Concha: No. Nosotras lo que buscábamos a todo precio es que las mujeres comprendieran que no debían aceptar su situación que tenían que rebelarse. Ese era el motivo de nuestra lucha como Mujeres Libres.
Cuando vino Mercedes Comaposada desde Madrid y nos propuso hacer una organización nacional, estuvimos completamente de acuerdo. Vimos un horizonte abierto que no teníamos, porque no sabíamos por dónde empezar. Allí estábamos ocho mujeres con un local, queríamos dar clases para que las mujeres aprendieran...
Mercedes ya traía todo un plan estructurado. Teníamos unas metas muy bien definidas: paridad de derechos y de deberes, patria potestad compartida, que la mujer tuviera derecho a decidir (que no lo tenía, era el marido el que decidía), igual pena en caso de adulterio, que la mujer pudiera disponer de sus bienes, que las mujeres cuya aspiración no fuera sólo la doméstica y ser madres tuvieran las mismas oportunidades que los hombres para acceder a estudios superiores... En fin, que tuvieran los mismos derechos que un hombre, que dejaran de ser “menores de edad”. Esos eran nuestros objetivos, y ahora me he quedado asombrada porque en España muchos los han conseguido. Y me siento en la gloria, porque nosotras sembramos una semillita, y mira cómo fructificó, a pesar de 40 años de silencio que tuvieron en contra.
Antonia: Hay decir también que desde el punto de vista del movimiento libertario, ya en el congreso de 1872, aquí precisamente en Zaragoza, la sección española de la I Internacional reconoció que la mujer es un ser inteligente como el hombre, que tiene necesidad de las mismas opciones y que hay darle los medios para que se pueda desarrollar y desenvolver.
Han sido precisos muchos años para llegar al presente de que la mujer esté en todas partes, incluso en la organización. Porque una cosa son las palabras y otras los hechos.
Es lo que Lucía Saornil les decía a los hombres de la CNT que querían atraer a la mujer: “Vamos a hablar de eso, pero hay que empezar por casa, por cada uno de vosotros. ¿Qué es lo que hacéis? ¿Por qué no tratáis de atraer a vuestra compañera a los mítines, para formarla, para que participe?”.Ah no, su mujer estaba muy bien en casa, ocupándose de él y de los hijos.
Pero, ¿cuál era vuestra actividad en concreto? ¿cómo participaban las mujeres?
Concha: Antes de la guerra dábamos patadas en el aire. Luego, las mujeres acudían entropel, gente del pueblo, no sólo de la CNT o la FAI. Para nosotras era una alegría enorme. Pero nos costaba mucho mantenerlo, los compañeros nos daban el dinero a cuentagotas. Quien se encargaba de conseguir dinero para pagar al profesorado era mi compañera de armas, Soledad Estorach, y yo la vi llorar más de una vez porque no tenía para pagarles. a mí me encargaron organizar la región de Cataluña porque era de las pocas que sabía escribir y redactar. Iba a los pueblos a formar grupos de mujeres. Primero les mandaba material, los compañeros reunían un grupo y yo iba a dar una charla y organizar a las mujeres.
Recuerdo que en Reus pasaron los aviones a bombardear y allí se quedaron ellas, sentadas, sin moverse. Era muy emocionante
En aquella opresión de las mujeres era particularmente recalcitrante la iglesia
Concha: En los pueblos mandaban los curas, y las mujeres beatonas. Algunos decían que era mejor que las mujeres no votaran porque les darían el voto a las derechas. Y en las elecciones del 34 ganaron, pero fue porque la CNT llamó a no votar.
Antonia: La República no quiso o no pudo conceder lo que pedían los trabajadores, y volvió la represión contra ellos.
La CNT estuvo siempre movilizando a los trabajadores, luchando. Por eso cuando llegó la sublevación fascista el pueblo estaba sensibilizado y pudo responder, y fue el pueblo el protagonista de la revolución española. De todos los colores, ya no había partidos.
¿Cómo fue el final de la guerra?
Concha: Todo el movimiento anarquista sabíamos desde que se firmó el Tratado de No Intervención, que teníamos la guerra perdida. A pesar de ello seguimos luchando, parece que esperábamos un milagro que no llegó.
El éxodo fue terrible. La carretera era una columna enorme de gente. Nos ametrallaban los aviones y en las cunetas iba quedando un reguero de cepillos, de zapatos, de cosas que la gente tiraba para quitarse peso. Así llegamos a Francia. No nos abrían la frontera, pero cuando vieron que fusilaban a la gente, nos dejaron pasar. Fui a parar a las caballerizas de un gran cuartel, dormíamos en la paja. Soledad y yo pusimos listas de los que iban llegando buscando a sus familiares. Como sabía francés, me encargué de pedirles a los franceses yodo y vendas para curar a los que llegaban con los pies llagados.
Para ir terminando, decíais que os choca mucho ahora que parte del movimiento feminista quiera legalizar la prostitución.
Concha: Yo no lo puedo aceptar, ni Mujeres Libres lo aceptaría. Legalizar la prostitución es mantener a la mujer en la esclavitud.
Antonia: Lo que Mujeres Libres ha hecho siempre ha sido defender a la prostituta y denunciar todo lo que mantiene la prostitución. Cuando ganamos la calle el 19 de julio dijimos: ha nacido una vida nueva. Y una de las cosas esenciales en las que se volcó Mujeres Libres fue en sacar a las mujeres del analfabetismo y de la prostitución. Y se crearon “liberatorios” para formarlas, enseñarles un oficio, darles cultura. Hay que hacer consciente a la prostituta que reivindica su oficio de que eso no la dignifica, que es un ser humano y merece otra cosa, que tiene un espíritu y que no puede alquilarse por dinero. Legalizar es una hipocresía.
En el ideal libertario está la regeneración de la mujer. Si yo he sabido defenderme en un país donde no conocía la lengua ha sido por mi cultura libertaria, por mi dignidad de mujer.
Por último, ¿qué cosas os han llamado la atención de la España de hoy respecto a la que dejasteis?
Concha: En las casas donde he estado me he quedado asombrada: las mujeres agarran la puerta y se van sin decir nada, salen de viaje, y los hombres se meten en la cocina y friegan los platos. Y luego las veo aquí con ese ímpetu, con esas ganas de seguir luchando para que las mujeres consigan a lo que tienen derecho. Estoy muy feliz, me muero muy feliz.
Antonia: Ahora van a venir a verme cuatro muchachitas, que no tienen 30 años, y me hablan de autodefensa, de aprender a defenderse contra las agresiones machistas. Está tan horrible la sociedad actual, que una mujer tenga que recurrir a aprender cómo defenderse del ataque de un hombre... Con todo lo que había en nuestra época y viviendo en un barrio donde había prostitución, yo nunca he tenido que recurrir a eso. Se vive una época terrible y no sé cómo se va a arreglar. Y no sé si esta reacción del “macho” es en función precisamente de la evolución que ha experimentado la mujer, de la expansión de la personalidad femenina.
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Pioneras y revolucionarias: Mujeres libertarias durante la República, la Guerra Civil y el Franquismo.

Eulàlia Vega.
Este libro pretende dar visibilidad a las mujeres libertarias que vivieron en esta época histórica. Gracias a una metodología renovadora, que incorpora las fuentes orales, se ha podido rescatar la memoria de estas protagonistas para solucionar diversas cuestiones todavía no resueltas por la historiografía. ¿Cómo llegaron estas mujeres a las ideas anarquistas? ¿Por qué iniciaron su militancia? ¿Qué factores influyeron en esta decisión? ¿Fueron realmente tan marginales en los sindicatos como se ha mantenido? ¿Qué tipo de actividad hicieron de forma mayoritaria? ¿Cuál fue su papel en los años treinta? ¿Cómo vivieron los largos años del Franquismo?

Las protagonistas de este libro fueron pioneras porque se rebelaron contra el papel subordinado que tenían en la esfera pública y privada, pasando a conquistar espacios negados a las jóvenes obreras hasta el momento de la República y la Guerra Civil. Fueron también revolucionarias porque quisieron abolir las injusticias del sistema social y político capitalista y porque dirigieron su militancia para construir un sistema igualitario económico, social y de género.

Eulàlia Vega es doctora en Historia contemporánea por la Universitat de Barcelona y profesora titular en la Universitat de Lleida. Especialista en la historia del anarcosindicalismo español, de los movimientos sociales y de género. Fundadora en 1990 del Seminari Interdisciplinar d´Estudis de la Dona (SIED) de la Universitat de Lleida y miembro de su grupo de investigación consolidado. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre estas temáticas. Entre sus publicaciones destaca El Trentisme a Catalunya (1980) y Anarquistas y Sindicalistas durante la Segunda República (1987). Recientemente ha publicado Entre revolució i reforma. La CNT a Catalunya (1930-1936) (2004) y Mujeres y asociaciones obreras frente al seguro obligatorio de maternidad durante la Segunda República (2007).

Icaria Editorial, Colección Antrazyt, 346. Barcelona 2010
390 págs. Rústica 21,5x13 cm
ISBN 9789498882896
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